Cuatro mil días. Por Francisco Morán

Pues hoy es el día: hasta he tenido que tirar otra vez de hoja de cálculo para cerciorarme de que, efectivamente, han pasado ya cuatro mil (4.000) días desde que la nave deportivista vaga por la Laguna Estigia sin nadie al mando.

Cuatro mil días, que se dice pronto. Cuatro mil días que pueden aunar todos los calificativos posibles (y muy pocos buenos), menos el de aburridos. Porque si hay algo que llevamos marcado en el ADN es que uno, con la elástica blanquiazul puesta, se puede uno morir de cualquier cosa menos de aburrimiento, salvo que tendamos a confundir aburrimiento con hastío, hartazgo o similar. Y la tentación hoy en día hacia tal confusión puede ser muy fuerte, yo diría que a veces aplastante.

Cuatro mil días que partían de un adiós que por previsto un mes antes, no fue por ello menos doloroso. Tengo (y creo que como Servidora, muchos) grabado a fuego el sentimiento de tristeza y nostalgia a partes iguales que me produjo enterarme de que Lendoiro abandonaba la sucia pelea en que la campaña electoral a la presidencia del Deportivo se había convertido, azuzada por intereses bastardos de quienes, a caballo de una rotativa, buscaban una venganza estúpida porque un día los pusieron en su sitio ante la barra libre que era la puerta de tribuna de Riazor para algunos sin pasar por taquilla y escudándose en una libertad de expresión, tantas veces pisoteada sistemáticamente por tal tribu. Hoy, con la perspectiva del tiempo, aquel abandono en aras de no generar división en el deportivismo se me antoja que fue un gesto estéril, visto lo que ha acontecido hasta el día de hoy.

Cuatro mil días que han supuesto un descenso del Club a los infiernos ante la pasividad cómplice de algunos y la incredulidad de muchos, yo diría que de casi todos. Un descenso azuzado por una gestión negligente y soberbia, en una combinación letal ya no sólo para cualquier club, sino para cualquier empresa. Un continuo y constante despilfarro de la montaña de dinero que La Liga puso en nuestras manos por diferentes conceptos (publicidad, televisiones, etc.) y que por esa misma soberbia e ignorancia malgastamos en proyectos fallidos, jugadores que más que profesionales eran deshechos de tienta y estrellitas estrelladas como huevos fritos de Lucio en su mítico menú madrileño, añadiendo a ello un infinito desprecio a todos los que salían de Abegondo, como si fuese verdad que Abegondo fuese un veneno para la tierra y el agua, como se llegó a sugerir por la tribu de la rotativa cuando se construyó la ciudad deportiva. Y todo ello espoleado por el mantra de “pues mira cómo dejó Lendoiro el Club…”, como excusa universal para tapar la caótica y desastrosa gestión de los sucesores.

Cuatro mil días que tuvieron como guinda del pastel envenenado un descenso al pozo de Tercera con una manipulación de la competición nunca vista desde aquella infame temporada del los play-offs, con apaños a última hora que nos perjudicaron gravísimamente ante la increíble pasividad de una directiva que pasó por el tema poniéndose de perfil como si no quisiesen molestar, enfadar a alguien, o tener algo que ocultar. O quizás todo a la vez. Un periplo por el infierno al que no se le veía fin (yo, el primero). Un periplo en el que una nueva directiva y la adquisición del club por una entidad bancaria no han aportado luz a un futuro que sigue siendo harto incierto, a pesar del saneamiento de unas cuentas que dan margen para una nueva proyección hacia arriba y nunca en horizontal, como hasta el momento está sucediendo. Una terca obstinación en el error de anteriores directivas despreciando e ignorando la experiencia de quien hasta hace cuatro mil días puso al Club y a Coruña en el mapamundi, que ni el referido ni muchos entendemos cómo se puede ignorar ni despreciar olímpicamente, como así lo hizo ver Lendoiro en pasadas fechas al propietario actual del Club.

Cuatro mil sombríos días que, a pesar de ese nuevo hito que puede suponer el Mundial 2030, no generan el más mínimo atisbo de optimismo ante un hito en el que ni tan siquiera los actores participantes, Club y Ayuntamiento, tienen la razón de su parte y actúan con la improvisación y la sinrazón como guía y estandarte.

Cuatro mil días en que lo único que parece sobrevivir es una afición rejuvenecida que suple con entusiasmo el desconocimiento del deporte rey, y muy a pesar de un ambiente que, con el repentismo de las redes sociales y el exceso de estímulos de éstas, hace muy difícil que casi nadie sea capaz de mantener una mínima concentración en los 90 minutos o más que dura o puede durar un partido de fútbol.

En fin. A saber cómo y dónde estaremos cuando, en vez de cuatro mil, sean cinco mil los días transcurridos. Anotemos tal día en la agenda: 30 de septiembre de 2.027, si es que la hoja de cálculo no se equivoca.

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