@jsuarez02111977
Hay algo que me fascina y me cabrea a partes iguales de la memoria histórica de este país: su capacidad para enterrar lo incómodo y adornar lo insignificante. En A Coruña, la ciudad de las mareas y las piedras viejas, se coció una de las páginas más brillantes y olvidadas del fútbol femenino español: la historia del Karbo Deportivo. Sí, ese equipo que ni la mitad de los aficionados que ahora presumen de “feministas del deporte” sabe que existió. Porque, claro, apoyar al fútbol femenino cuando vende camisetas está muy bien. Pero ¿quién estaba ahí en los años 70 y 80, cuando las chicas del Karbo se dejaban la piel en campos de barro y el reconocimiento era menos que cero?
Fundado en 1968, cuando las mujeres aún tenían que pedir permiso para abrir una cuenta bancaria, el Karbo Club de Fútbol (luego Karbo Deportivo) fue una anomalía. Un grupo de mujeres decididas a jugar al fútbol en un mundo que las miraba como si estuvieran locas. No tenían los focos, ni las redes sociales, ni un sistema que las apoyara. Solo tenían talento y ganas de demostrar que podían ganar. Y vaya si ganaron.
Los títulos: para que los cuenten, los que no las conocen
El Karbo es el equivalente gallego a un tesoro escondido. Ganaron la Copa Reina Sofía de 1981, una competición que ni era oficial, pero que ellas convirtieron en épica al vencer a la Unión Risco de Las Palmas por 2-1 con goles de Lis Franco. Y cuando la Copa de la Reina se oficializó en 1983, ahí estaban ellas, marcando territorio. Tres años seguidos fueron las reinas absolutas: 1983, 1984 y 1985, arrasando a rivales como el CD Porvenir, el Añorga KKE y el Peña Barcelonista Barcilona. Esa última victoria en Riazor, por penaltis, es de esas historias que deberían ser película, pero ni eso les hemos dado.
En la Liga Gallega de Fútbol Femenino, fueron tiranas: cinco títulos consecutivos desde 1982 hasta 1987. ¿Y sabes lo mejor? En la temporada 1984-85, no solo ganaron todos los partidos; no encajaron ni un gol. Cero. ¿Quién puede decir eso hoy? Nadie.
También conquistaron la Copa Federación Gallega de Fútbol en 1987, goleando 5-0 al RC Celta en la final. Y aun así, ¿quién recuerda todo esto? Los que realmente se preocupan por el fútbol femenino se cuentan con los dedos de una mano.
Las jugadoras: las primeras heroínas invisibles
El Karbo tuvo una plantilla de leyenda. Lis Franco, que metía goles como si fuera la Puskás del fútbol femenino, o Pilar “Pili” Neira, una defensa que partía el alma en cada balón dividido. Y luego está Inma Castañón, capitana y pionera de la selección española, porque sí, estas chicas también llevaron el fútbol español al extranjero cuando nadie lo hacía. Aurora Martínez, Geli Olmo… nombres que deberían estar grabados en bronce en Riazor. Pero no lo están.
Lo internacional: porque también salieron fuera
En 1980, representaron a España en el Torneo de las Siete Naciones en Orleans, Francia. Subcampeonas. Todo un hito para una época en la que, francamente, las mujeres no tenían ni material decente para jugar.
El final: devoradas por el olvido
En 1983, el Real Club Deportivo de La Coruña las absorbió. En teoría, esto les daba más proyección, más recursos. En la práctica, fue la sentencia de muerte. El Karbo desapareció como tal en 1988, justo antes de la creación de la liga nacional femenina. Una ironía cruel: cuando el fútbol femenino empezaba a estructurarse, las pioneras ya no estaban.
La deuda pendiente
Y aquí estamos, décadas después, hablando de feminismo y de igualdad en el deporte mientras olvidamos a las que lo hicieron posible. Porque el Karbo Deportivo no fue solo un equipo: fue un acto de resistencia, una declaración de guerra en un mundo que les decía que se quedaran en casa.
No sé vosotros, pero yo quiero un monumento para ellas en Riazor. Una placa, una mención, algo que le diga a la próxima generación que hubo un tiempo en el que el fútbol femenino español tenía que pelear por existir. Que hubo mujeres que ganaron, que lucharon y que fueron olvidadas. Porque si no recordamos al Karbo, entonces no hemos aprendido nada.