Discurso completo del Secretario General de JUCIL, Ernesto Vilariño, en el Congreso de los Diputados
Señoras y señores diputados, compañeros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, invitados:
Comparecemos hoy en esta Cámara, símbolo de la soberanía popular, para trasladar una reivindicación justa y necesaria que los guardias civiles llevamos exigiendo desde hace más de tres décadas: la equiparación salarial, de condiciones laborales y de una jubilación digna con el resto de cuerpos policiales de nuestro país.
Por ello, en primer lugar agradecemos a los diputados presentes la sensibilidad que manifiestan al asistir a este encuentro, sensibilidad que nos gustaría encontrar en todos los grupos políticos para acabar de una vez con una injusticia manifiesta. Porque, como decía Willy Brandt, “permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen”.
Antes de entrar en materia, quiero enviar un mensaje de solidaridad y cariño a las familias de los guardias civiles asesinados hace justo un año en Barbate y todos los compañeros que luchan contra la delincuencia y el narcotráfico en condiciones bastante precarias.
Hace seis años, en 2018, la unión de guardias civiles y policías nacionales dio lugar a un movimiento que nació con el objetivo de denunciar ante las administraciones públicas y la sociedad las diferencias salariales y laborales que padecemos en comparación con las policías autonómicas. Diferencias que no solo se reflejan mes a mes en nuestras nóminas, sino también en cuestiones tan fundamentales como la edad de jubilación y las condiciones en las que accedemos a ella.
Mientras que nuestros compañeros de las policías autonómicas disfrutan de una jubilación anticipada a partir de los 59 años, condiciones más favorables y del reconocimiento de profesión de riesgo, los guardias civiles nos vemos obligados a esperar hasta los 65 años, sufriendo una pérdida de poder adquisitivo considerable y enfrentándonos a una etapa de nuestras vidas en la que el desgaste físico y mental acumulado tras décadas de servicio se convierte en una carga muy pesada.
Año tras año, los informes, las recomendaciones y las auditorías han puesto de manifiesto la necesidad de corregir esta desigualdad. Sin embargo, las respuestas de los sucesivos gobiernos han sido la inacción y el silencio. La falta de voluntad política ha condenado a los guardias civiles a una situación de discriminación sistemática frente a otros cuerpos policiales que realizan las mismas funciones y que, sin embargo, disfrutan de unas condiciones laborales y retributivas más justas y equitativas.
Ante esta falta de diálogo y de respuestas por parte de la administración, surgimos como asociación profesional bajo el nombre de JUSTICIA GUARDIA CIVIL (JUCIL), con la intención de hacer oír nuestra voz en los foros habilitados, como el Consejo de la Guardia Civil y las entidades públicas que tienen en su mano mejorar nuestras condiciones laborales y de jubilación.
Estas diferencias han continuado aumentando año tras año. Hace apenas unas semanas, el Gobierno Vasco aprobó una subida salarial para los ertzainas. Tras el incremento pactado en el País Vasco (4.200 euros más al año), en 2025 un ertzaina cobrará 1.037 euros mensuales más que un guardia civil, lo que suma 12.451 euros más al año.
Una situación que no solo genera frustración entre los miembros de una de las instituciones más valoradas por los ciudadanos, sino que también pone en riesgo la motivación y el compromiso de quienes garantizan la seguridad de nuestro país.
Ni el acuerdo de subida salarial firmado en su día con el Gobierno del Partido Popular y finalizado por el Gobierno del Partido Socialista ha servido para corregir esta situación. Las jubilaciones de los guardias civiles siguen sin ajustarse a la realidad de nuestro trabajo y sin atender a las demandas que, con razón, venimos exigiendo. No pedimos privilegios, sino justicia. No reclamamos más que nuestros
compañeros de otros cuerpos policiales, pero tampoco aceptamos seguir quedándonos atrás en materia de derechos y retribuciones.
Los guardias civiles desempeñamos nuestras funciones en todo el territorio nacional, en condiciones de riesgo, con turnos interminables, en zonas despobladas donde somos la única garantía de seguridad para los ciudadanos, y en lugares de especial conflictividad como el Campo de Gibraltar o Cataluña, donde los agentes han sido señalados, atacados y sometidos a un aislamiento social inadmisible. A pesar de ello, seguimos cumpliendo con nuestro deber con profesionalidad y entrega, incluso cuando nuestras propias condiciones laborales son una demostración de la desigualdad y la falta de reconocimiento por parte del Estado.
Atrás quedan también las auditorías que recomendaban revisar estos acuerdos para garantizar una equiparación real y efectiva. Mientras tanto, año tras año, los guardias civiles continúan retirándose sin una jubilación digna, sin el reconocimiento que merecen tras toda una vida dedicada al servicio público. No podemos seguir tolerando esta discriminación. Es inaceptable que aquellos que garantizan la seguridad de la ciudadanía sean tratados como funcionarios de segunda categoría a la hora de reconocer sus derechos.
Por ello, acudimos hoy aquí, al Congreso de los Diputados, para reiterar nuestra demanda y para instar a sus señorías a que actúen con justicia y responsabilidad. En una sociedad que avanza hacia la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos, no deberían permitir que los guardias civiles sigamos siendo discriminados en nuestras condiciones laborales y retributivas. La seguridad de este país no es un capricho ni un lujo, es una necesidad fundamental. Y esa seguridad solo se garantiza con agentes bien retribuidos, motivados y con unas condiciones de trabajo dignas.
Señorías, les preguntamos: ¿Acaso los guardias civiles no tienen derecho a la igualdad que defienden y garantizan día tras día para el resto de la ciudadanía? ¿Acaso nuestra entrega, nuestra dedicación y nuestro compromiso no merecen el mismo reconocimiento que el de nuestros compañeros de otros cuerpos policiales?
Es hora de acabar con esta injusticia. Es hora de reconocer el trabajo y el sacrificio de quienes velan por la seguridad de este país. Pedimos responsabilidad, pedimos justicia, pedimos igualdad.
Muchas gracias.