Nos toman por imbéciles (y lo peor es que lo aceptamos) Por Jesús Suárez

@jsuarez02111977

Mira el móvil. Lo tienes ahí, en la mesa, vibrando como un condenado a pena de muerte. No conoces el número, pero suena a inocente. Descuelgas con la prudencia del que sabe que el mundo está lleno de hijos de puta y ahí está: un teleoperador con acento plastificado que te suelta una sarta de palabras en tono de secuestro emocional. No te ha dado tiempo ni a insultar cuando ya te está contando que te va a mejorar la tarifa, que te va a regalar algo, que eres el elegido para una oferta irrepetible.

No has pedido nada, no te interesa, te importa una mierda. Pero ahí están, llamando, llamando, llamando. A la hora de la siesta. En el puto funeral de tu abuelo. En medio de un polvo. Como ratas que husmean en tu basura para ver qué pueden roer. Y tú, harto, cabreado, perdiendo el tiempo en colgar, bloquear y rezar para que no vuelvan a molestar.

Y ahora, el Gobierno, en su infinita brillantez de trilero barato, nos quiere vender una gran solución: prohibir que usen números móviles para las llamadas comerciales. Bravo. Un puto genio el que pensó esto. Un cerebrito. Lo que nos jodía no era el acoso telefónico, no era la invasión diaria a nuestra privacidad, no era que tengan nuestros datos por arte de magia negra. No. Lo que nos jodía, según ellos, era que el número empezaba por 6 o por 7.

¿Estamos de broma? ¿Nos toman por idiotas?

Las putas llamadas seguirán. El acoso seguirá. Los falsos asesores energéticos seguirán exprimiendo ancianos hasta dejarles sin ahorros. Los timadores seguirán embaucando a pardillos que creen en el chollo de su vida. La única diferencia es que ahora verás en la pantalla un número 900 en vez de un móvil. Todo sigue igual, pero con lacito gubernamental y palmadita en la espalda.

Porque, al final, se trata de que todo siga igual. Que los grandes operadores sigan haciendo lo que les sale de los cojones. Que las empresas sigan comerciando con tus datos como si fueran caramelos. Que tú, pringado, sigas recibiendo llamadas, sigas tragando, sigas cabreándote, pero sin opción de hacer nada.

¿Y qué pasa si decides luchar? Ah, amigo, bienvenido al laberinto burocrático. Ponte a denunciar. Contacta con la AEPD. Métete en una lista Robinson que no sirve para nada porque las compañías se la pasan por el forro. Y cuando estés en mitad de esa pesadilla administrativa, te darás cuenta de que la trampa está montada para que no puedas salir.

Y mientras tú peleas con tu móvil, con tus bloqueos, con tu paciencia agotada, el político que firmó esta basura sonríe en su despacho. Porque se la ha vuelto a colar a la gente. Porque ha puesto un parche cutre, ha vendido la moto y se ha quedado tan ancho.

Así que ahora, cada vez que te llamen de un 900 y te amarguen la comida, acuérdate de aplaudir. Porque el gobierno ha hecho algo. Algo completamente inútil, pero algo. Y lo peor es que nos lo hemos tragado otra vez.

Comparte éste artículo
No hay comentarios