Amigos de ocasión. Por Miguel Abreu

Hay momentos que revelan, sin filtros, la naturaleza humana. Y en la historia quedan impresas, de forma cruda y desnuda, la fragilidad de las alianzas y el oportunismo disfrazado de diplomacia. El reciente encuentro entre Trump, Vance y Zelenski es uno de esos momentos. El presidente de un país en guerra, que lucha por la supervivencia de su pueblo, fue tratado con desprecio, con arrogancia, con la frialdad de quien no siente la más mínima empatía por su semejante. No hubo cortesía, no hubo consideración. Solo una humillación pública, mientras los líderes europeos observan, débiles y paralizados, incapaces de actuar con determinación. Trump y su vicepresidente exhibieron la fuerza de los que no tienen compasión, de los que hacen cálculos antes de tender una mano, de los que solo se alían cuando hay algo que ganar.

El Libro de Ben Sirá nos enseña sobre los amigos de ocasión, aquellos que se sientan a la mesa en tiempos de abundancia, pero desaparecen en la adversidad. “Porque hay amigos de ocasión, que no serán fieles en el día de la desgracia. Hay amigos que se vuelven enemigos, revelando vuestras disputas para vuestra humillación” (Sir 6, 5-17). Zelenski buscó aliados y encontró un escenario donde su debilidad formaba parte del decorado. Para aquellos que se dicen cristianos, como J. D. Vance, queda la pregunta: ¿en qué parte del Evangelio está escrito que se debe humillar a quien pide ayuda? Todavía hay quienes dicen que la historia no se repite, pero sus patrones son claros. Las civilizaciones no cayeron solo por la fuerza de enemigos externos, sino por la degradación de sus valores y la falta de líderes a la altura del momento. Cuando la moral se desintegra y la política se convierte en un espacio de propaganda y de intereses, es la señal del fin de una era.

En este momento, ya no está en juego solo el destino de una nación, sino el rumbo de la civilización tal como la conocemos. La quiebra moral y estratégica de Occidente no solo se refleja en la debilidad de sus líderes, sino también en el colapso de las instituciones que deberían garantizar el orden mundial. El Tribunal Penal Internacional emite órdenes de captura que son ignoradas, la OTAN ve a sus propios miembros amenazados por quienes deberían ser sus aliados. Trump, que se presenta como defensor de la fuerza, recibe y legitima a líderes con órdenes internacionales de arresto, desafiando los principios de justicia y seguridad global. ¿Qué clase de aliado es este, que divide en lugar de unir, que amenaza a los suyos en lugar de protegerlos? Las guerras se están utilizando como herramienta de dominio, y quienes deberían actuar, callan. Europa observa, dividida, frágil, sin visión estratégica. Occidente repite los mismos errores de siempre. La sumisión y el miedo alimentan la inestabilidad. Sin embargo, la historia también nos enseña que siempre hay un punto de inflexión. El destino de nuestra civilización no lo definirán los discursos, sino las decisiones que tomemos. Ese silencio tiene un precio. Queda por ver si aún hay quienes tengan el valor de ser protagonistas en la construcción de una paz universal.

Comparte éste artículo
No hay comentarios