
Nunca pensé que un presidente de EE.UU. me llevaría a descubrir los tesoros escondidos de Europa. Pero, irónicamente, eso es exactamente lo que ha sucedido. Hay cambios que llegan sin previo aviso y que resultan completamente inesperados, sobre todo cuando vienen de quien se dice aliado. Recientemente, las noticias han estado dominadas por las medidas comerciales de Estados Unidos, incluyendo la imposición de aranceles significativos sobre productos europeos como vinos, automóviles y otros bienes. Es un hecho que los nuevos aranceles aplicados por EE.UU. sobre los productos europeos dificultarán las exportaciones, pero también abren una oportunidad inesperada: descubrir y valorar lo que es europeo.
El aumento de los aranceles sobre los productos europeos en EE.UU. puede parecer un golpe duro y contundente para muchos exportadores, pero también puede ser el clic que faltaba para que el consumidor europeo valore los productos producidos y fabricados en Europa. Siempre hemos visto a EE.UU. como un mercado ineludible, pero ¿acaso hemos olvidado el valor de los productos europeos? ¿Podría esta crisis, en realidad, convertirse en una oportunidad?
Con el riesgo de que las exportaciones a EE.UU. disminuyan debido a los aranceles, los productores europeos tienen ahora la oportunidad de concentrar sus esfuerzos en el mercado interno y también en mercados que, probablemente, nunca han sido explorados con la debida atención. Centrándonos en la Unión Europea, estamos hablando de un mercado con más de 400 millones de consumidores, lo que representa un mercado vasto y diverso. Productos que antes estaban destinados principalmente al mercado estadounidense pueden ahora encontrar nuevos públicos dentro de las fronteras europeas. Esta es una oportunidad excepcional para que los consumidores europeos descubran sabores y productos que quizás desconocían. Dentro del propio continente europeo, hay consumidores que no conocen productos increíbles simplemente porque siempre se han exportado a EE.UU. Tal vez ha llegado el momento de reintroducirlos y de crear una verdadera cultura de valorización de la producción y fabricación europea.
¿Habrán sido los europeos «colonizados» por el marketing estadounidense? ¿Cuántas veces, como consumidores influenciados por una potente maquinaria de marketing, elegimos casi por instinto marcas americanas sin siquiera cuestionarnos si hay alternativas igualmente buenas, o incluso mejores, producidas en Europa? Desde el café hasta la ropa, desde los automóviles hasta los gadgets, el mercado europeo está lleno de excelencia, innovación y tradición. Probablemente, este es el momento ideal para que la Unión Europea lance campañas que informen a los consumidores más distraídos y fomenten el consumo de productos europeos. Por razones de sostenibilidad, es realmente necesario empezar a consumir de manera más consciente, más local y más sostenible.
Una iniciativa «compre productos europeos» no solo desviaría la atención del consumidor de los productos americanos, sino que también apoyaría a los productores europeos y reforzaría la identidad y la solidaridad entre los países europeos. Al privilegiar la compra de productos europeos, enviamos un mensaje claro de unidad y resiliencia frente a los desafíos externos que están surgiendo. Así, cuando los empresarios estadounidenses sientan el impacto en la reducción de las ventas de sus productos, serán ellos quienes pidan a su presidente que cambie de política. Utilizar medidas proteccionistas como forma de chantaje es un juego peligroso. Quien intenta levantar muros, tarde o temprano, acaba descubriendo que, al otro lado, hay un mundo entero dispuesto a prosperar sin él. Trump podría acabar obteniendo un resultado exactamente contrario al que pretende: una Unión Europea más cohesionada y fuerte, con una red comercial más diversificada y ramificada, y un mundo menos dependiente de las decisiones de una sola persona y de un solo país.
Más allá del mercado europeo, existen numerosos mercados que buscan productos de alta calidad. Países como Canadá, Australia, Japón, Corea, Brasil, India y muchos otros han mostrado un creciente interés por los productos europeos, lo que los convierte en destinos estratégicos para los productores y fabricantes europeos. El comercio no se detiene, los intercambios comerciales no se extinguen, simplemente cambian de ruta. Diversificar las exportaciones hacia otros mercados no solo reducirá la dependencia de EE.UU., sino que también fortalecerá la presencia europea en la economía global. El mundo no gira en torno a la Casa Blanca.
Sabemos, y lo hemos comprobado muchas veces, que los desafíos suelen ser catalizadores de la innovación y el crecimiento. Los aranceles impuestos por EE.UU. pueden ser el empujón necesario para que los productores y fabricantes europeos reevalúen estrategias, exploren nuevos mercados y refuercen su presencia en el mercado interno. En lugar de afrontar esta situación con pesimismo, deberíamos verla como una oportunidad de oro para mostrar al mundo la excelencia de los productos fabricados en Europa. ¿Queremos seguir alimentando el imperio de Trump o preferimos valorar lo que es europeo?
Es hora de saborear nuestra propia identidad… qué placer y qué saludable es disfrutar de un tramezzino en Italia, un sandes de leitão en Portugal, un bocadillo de jamón serrano y queso en España, un smørrebrød en Dinamarca, un croque monsieur en Francia, un broodje haring en los Países Bajos, un fischbrötchen en Alemania, un kaiserschmarrn en Austria, un boudin blanc en Bélgica… y tantas otras magníficas opciones.