Muchas veces nos preguntamos por qué nuestro producto, por maravilloso que sea, no acaba por calar entre las preferencias de aquellos a los que deseamos conquistar. La comunicación de la empresa hace tiempo que hemos asumido que poco o nada tiene que ver con la mera transmisión de productos publicitarios, con el mensaje sobre las bonanzas que tiene la creación que vendemos al público.
La imagen de marca va mucho más e intenta crear una fidelización, prácticamente una legión de seguidores parecidos a la que pueda tener un equipo de fútbol o de baloncesto. Y es de esas técnicas de fidelización y de mercadotecnia de los deportes de donde en buena medida somos capaces también de deducir por dónde pueden pasar nuestras líneas de actuación para mejorar la comunicación con nuestros clientes. Por ejemplo, que un deportista determinado luzca en el pódium de una carrera de motos la gorra o un logotipo determinado inmortalizan y hacen icónica la escena hasta un punto inimaginable. Pues bien, consideremos a nuestros trabajadores esos deportistas icónicos y a cada uno de los viandantes que nos cruzamos un potencial anuncio o valla.
En ese sentido tiene que ver mucho con la estrategia de marketing y de construcción de imagen de marca la creación de regalos publicitarios que perpetúen ese mensaje y que hagan que circular por la calle tenga miles de reproducciones de lo que de otra forma, y en manera de anuncio tradicional, nos costaría muchísimo más dinero. Se trata de cosas que no son particularmente caras, sino de detalles con el que también estableceremos una especia de vínculo y un código de agradecimiento por parte de los receptores. Son utensilios útiles, valga la redundancia, que seguramente vayan a emplear más a menudo que cualquier otro regalo mucho más caro. Se pueden producir en cadena y multiplicar su efecto publicitario.
Es el caso, por ejemplo, de las botellas publicitarias o de libretas personalizadas. Todos bebemos y todos escribimos, y muchas veces tiramos de cosas prácticas para hacer uso de esas necesidades del día a día. La exposición que conseguiremos no está pagada. O sí, a un precio tremendamente bajo. Por otra parte, cualquier detalle que se pueda tener con cualquier ciudadano de a pie a cambio de exactamente nada es otro tanto que nos anotaremos a nuestra imagen de marca. Al fin y al cabo, aquello que todos deseamos tener impoluto. Y hay formas baratas de conseguirlo.