Los lobos “cuatreros” de Galicia venden los potros en la feria de Muras

En el mundo rural gallego, la figura del lobo siempre ha estado envuelta en un halo de misterio, temor y, por qué no decirlo, leyenda. Desde tiempos inmemoriales, este cánido ha sido el responsable de ataques al ganado, dejando a su paso huellas, sangre y un rastro inconfundible de devastación. Sin embargo, parece que los lobos de Vimianzo, en la Costa da Morte, están reinventándose, adaptándose a los nuevos tiempos con una astucia que roza lo inverosímil.

Según testimonios que circulan por las diversas localidades de Galicia donde el lobo ataca a los potros, y que, como es lógico, deben ser tomados con un buen sentido del humor y una dosis de escepticismo, el lobo ya no mata para comer, sino para hacer negocio. «El lobo tenía un camión y se llevó los potros a la feria caballar de Muras y como los relojes de madera que se venden en la feria de Paiosaco, dejan pingues beneficios a los cuateros del Noroeste. Un vecino de Castroverde, con sorna, comenta. «Os lobos de Galicia son os más listo de España fora a alma, soamente lles falta falar».

Esta peculiar transformación del depredador más emblemático de nuestra fauna lleva implícita una modernización de sus métodos. Ya no hay huellas de patas en el barro, ni restos sangrientos que delaten su presencia. Ahora, cuando el lobo actúa, «solo quedan las roderas de las ruedas» de su flamante camión. Una auténtica obra de ingeniería furtiva que, supuestamente, les permitiría mover el ganado sin dejar rastro, más allá de la evidencia del transporte.

¿Y su objetivo? Los potros y los terneros. Parece ser que la inteligencia (canina, por supuesto) los ha llevado a comprender las complejidades de la burocracia equina. Mientras los caballos adultos cuentan con chip y marca en las orejas, los potros, sin esa identificación, «se pueden vender sin problema». Una grieta en el sistema que los «cuatreros» de cuatro patas habrían sabido aprovechar a la perfección. La conclusión es clara y meridiana, aunque humorística, Ahora los lobos gallegos venden ganado en vez de comerlo.

Este tipo de comentarios, que surgen de la «retranca» popular (ingenio y sorna) y del ingenio vecinal, reflejan no solo una manera particular de afrontar la problemática del lobo y el ganado, sino también una forma de entender la vida en el mundo rural gallego, donde el humor y la ironía son herramientas indispensables para relativizar y, por qué no, para denunciar con sonrisas lo que, en ocasiones, es una realidad compleja y llena de matices. Porque, sea o no cierto que el lobo se hizo transportista, lo que está claro es que el ingenio gallego sigue sorprendiéndonos. Aún queda algún Romasanta sin colmillos…..

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