Los afortunados vecinos del centro de Arteixo han tenido el placer de comunicar a su ilustre consistorio municipal, al siempre atento Seprona y a la etérea Aguas de Galicia, una situación que, sin duda, añade un toque exótico al paisaje urbano: una peculiar colección de suciedad y, para deleite de los amantes de la fauna, una notable cantidad de animales muertos adornando el cauce del riachuelo. Y todo esto, ¡qué conveniente!, a escasos metros del Centro Cívico y de la Casa Consistorial. Quizás es la nueva estrategia del alcalde, Carlos Calvelo, para acercar la naturaleza salvaje a sus ciudadanos. Una especie de safari urbano, sin necesidad de visado.
Desde las vibrantes trincheras de las redes sociales, concretamente «Críticas En Arteixo» y «Radio O Son de Arteixo», se ha recolectado esta semana un «amplio repertorio» de testimonios públicos. Los vecinos, con una curiosidad casi científica, expresan su honda preocupación por el desconocimiento de los motivos de esta mortandad masiva. ¡Imaginemos la intriga! Gaviotas, peces y patos han decidido emprender el último viaje, y lo han hecho en el riachuelo local. Lo más desconcertante es la ausencia de información oficial. ¿Será gripe aviar? ¿Contaminación? ¿O quizás algún fenómeno paranormal ajeno al deplorable estado de este entorno urbano? La falta de comunicación del jefe de prensa del Ayuntamiento de Arteixo es tan sutil como un elefante en una cristalería. Por cierto, los habitantes del río, cada vez son más grandes, me refiero a las ratas.
Un pato moribundo
Por si fuera poco el misterio del riachuelo, en la zona del humedal de Sabón también se han avistado carpas y otros peces de estanque en situaciones comprometidas. Pero claro, la verdadera estrella es la zona próxima al paseo fluvial, más visible y transitada, es ahí donde los visitantes y oriundos se detienen, perplejos, ante la acumulación de animales moribundos y fallecidos, junto a una «aparente suciedad» que engalana el Bolaños. Y la guinda del pastel: este río, desemboca en una playa con Bandera Azul. ¡Qué ironía tan fina! Porque «Salsa y Alba son las dos joyas de la corona en cuanto a arenales arteixáns, junto con Barrañán». Un contraste delicioso entre la postal turística y la realidad biológica del ecosistema local.
Parece que el alcalde Sr. Calvelo y su equipo de gobierno están tan ocupados velando por la excelencia de las playas que, se les ha escapado este pequeño detalle en el corazón del municipio. O tal vez, es una audaz propuesta de arte efímero, una instalación de «naturaleza muerta» que busca concienciar. Quién sabe.
Lo que sí es evidente es que los vecinos siguen esperando, con una paciencia digna de estudio, alguna explicación que no implique teorías conspirativas sobre la vida más allá del riachuelo. ¿Será mucho pedir una nota informativa que aclare si hay que preparar los equipos de protección individual o simplemente las cámaras para inmortalizar el espectáculo?
Para cuando se convoca una manifestación en el ayuntamiento, pidiendo explicaciones y soluciones.