Medalla de oro de Galicia a la Princesa de Asturias: Soy una gallega más

Intervención de Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia

Su Alteza Real la Princesa de Asturias, Autoridades, Invitados,  Señores y señoras,

En esta mañana de verano gallego, junto a esta Plaza en la que desde hace siglos desembocan todos los Caminos de Santiago que han ido forjando la identidad de Europa, de España y de Galicia, contar con la presencia de Su Alteza la Princesa de Asturias para hacerle entrega de la Medalla de Oro de Galicia, supone, para nosotros, y estoy absolutamente seguro de que, para la gran mayoría de gallegos y gallegas, un privilegio y un acontecimiento excepcional.

La etapa que Su Alteza Real concluirá, en breve, en la Escuela Naval Militar de Marín constituye una parte esencial del itinerario formativo diseñado para la heredera de la Corona, al tiempo que forja una alianza para siempre con el conjunto de Galicia, en general, y con las gentes, sus gentes del mar en particular.

A escasas fechas de finalizar su paso por la Academia de la Armada -como lo hicieron anteriormente su abuelo y su padre-, la Medalla de Oro de Galicia que le vamos a entregar representa, Señora, el cariño, la adhesión y lealtad sincera de Galicia,  por supuesto a su persona y, por supuesto a la Corona de España que algún día -ojalá muy lejano- está llamada a heredar.

De la mano de la Corona de la Monarquía Parlamentaria consagrada en la Constitución, la España y la Galicia de nuestros días cuenta con una democracia avanzada y consolidada, y hemos disfrutado, estamos disfrutando y espero que disfrutemos durante muchísimo tiempo, pese a las dificultades del momento actual, del período de mayor libertad, mayor estabilidad, mayor crecimiento y bienestar de toda nuestra historia.

Libertad, estabilidad, crecimiento y bienestar, pero también -y derivado de todo ello- autonomía política que viene del pacto constitucional y que en Galicia se edifica a partir de nuestro Estatuto de Autonomía del 1981, que sentó las bases para un sistema de autogobierno sólido y ampliamente aceptado por el conjunto de la ciudanía. Ciudadanía que además nos pide que la política que ejercemos los responsables públicos, día a día, consista fundamentalmente en atender y dar soluciones a las necesidades de las personas que nos dan su confianza.

En un momento en el que la política nacional, es cierto, atraviesa episodios de evidente inestabilidad, Galicia representa un valor seguro.

Aquí en Galicia, entre todos, hemos sabido preservar un clima de estabilidad institucional y este clima nos permite avanzar con paso firme y nos permite centrarnos en lo que decía antes: resolver problemas.

Mientras en otros lugares predominan los enfrentamientos y la incertidumbre, Galicia avanza desde él diálogo, la moderación y el sentido de la responsabilidad. Tres valores que, quizá puedan estar en algún lugar en desuso, en otras latitudes, pero que aquí son, sí se me permite la expresión de la Galicia Calidade a la que todos aspiramos.

Quien no lo entienda así, quien no entienda que su labor como representante público consiste en pensar, gobernar y representar a todos los ciudadanos y no solo a aquellos que coinciden con su ideología, en mi opinión, se está equivocando.

Galicia cuenta con una historia, una cultura y un idioma de por sí que encontraron en la Constitución y en el  Estatuto el caldo de cultivo idóneo para su desarrollo.

Lengua otrora silenciada y maltratada, y que hoy felizmente disfruta de un enorme reconocimiento, lo que no quiere decir ni mucho menos que no necesite siempre de nuestra atención y promoción.

«El pueblo gallego habla un idioma de por sí, hijo del latín, hermano del castellano y padre del portugués. Idioma apto y adecuado para ser vehículo de una cultura moderna», como expresó Castelao.

«Es una lengua digna, hermosa, rica, dispuesta para decir en ella todas las cosas nuevas y viejas», como expresó Ramón Otero  Pedrayo.

Lengua, historia y cultura conforman nuestro hecho diferencial, sí, es cierto; pero también es un hecho enriquecedor absolutamente compatible con nuestra condición de españoles y europeos de pleno derecho, plena consciencia y pleno deseo.

Desde la Galicia autonomista y constitucional que representamos aspiramos a hacer juntos una España con más y mejores oportunidades, en la que todas y todos nos sintamos a gusto.

Ese hacer juntos mantiene su vigencia en nuestros días pese a intentos, que siempre hay, los está habiendo, de romper nuestra unidad básica.

Hacemos juntos, desde el más absoluto respeto a la diversidad de cada una de las comunidades y territorios que conforman nuestra nación, la nación española.

Hacemos juntos, huyendo de las visiones que minusvaloran lengua, cultura o la identidad propia de cada autonomía *y que tan orgullosos en los hace sentir.

Hacemos juntos para ser más fuertes en un mundo, por desgracia, más polarizado en el que, en ocasiones, parece ganar peso la confrontación sin sentido, la abolición del derecho internacional y un intento indisimulado muchas veces, cada vez más, de utilizar el poder de la fuerza antes que el poder de la razón y de los tratados.

Hacemos juntos para recuperar el espíritu de la transición, que superó la dictadura y asentó la democracia en nuestro país sin derramamiento de sangre que era tan frecuente, por desgracia, en nuestro pasado y en otras naciones.

Hacemos juntos para centrarnos en lo que de verdad importa que es afianzar, seguir afianzando, el estado de bienestar y reforzar y mejorar la vida de las personas, especialmente de las personas que más necesitan de unos poder públicos centrados en ellos.

Hacemos juntos para fortalecer nuestra economía, apoyar a las empresas que son aliadas, nunca enemigas, y que son imprescindibles del desarrollo económico y social; y hacemos juntos para ampliar la clase media, que es el auténtico motor y sostén de las sociedades más avanzadas.

Y hacemos juntos para impulsar la concordia y recuperar la credibilidad institucional intensamente, es cierto, deteriorada en nuestros días. Esto último es tarea prioritaria en *a que contamos -no hace falta reiterarlo- con el aliento de Su Majestad el Rey Felipe VI y su familia, que son un ejemplo en España y Galicia, necesitados siempre de referentes.

Hacemos juntos, en suma, una Galicia y una España de calidad, con la excelencia y el bien común como objetivo compartido.

Gracias Alteza por hacernos el honor de recibir esta distinción. Es un enorme motivo de orgullo para todos nosotros y es un día que, estoy seguro, la inmensa mayoría de los gallegos nunca olvidarán y agradecerán.

Muchísimas gracias, Alteza.

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