En un giro digno de la ciencia ficción, y para perplejidad de propios y ajenos, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, parece haber descubierto el secreto para revertir el paso del tiempo. Lo que comenzó como una sensación de «cara lavada» tras alguna siesta estratégica, ha escalado a un fenómeno que ya genera murmullos en los pasillos del Congreso y escalofríos en la Moncloa.
Expertos en geriatría y maquilladores profesionales se rascan la cabeza. Las canas que adornaban sus sienes, antes símbolo de experiencia y moderación, han empezado a ceder su lugar a un tono más… ¿juvenil? Las ligeras líneas de expresión, antes testimonio de años de gestión autonómica y debates parlamentarios, parecen difuminarse como por arte de magia. Algunos observadores, con la boca abierta, ya especulan sobre si el líder gallego no estará recibiendo un suministro constante de rocío de las Fragas do Eume, o si el «ansia de llegar a Moncloa» es inversamente proporcional a la edad.
«Es asombroso», comentaba un diputado popular anónimo, «cada vez que lo veo, parece unos años más joven. Si esto sigue así, para las próximas elecciones va a necesitar un permiso materno para votar». La ironía no se ha hecho esperar. En los mentideros políticos, primero fue con el maquillaje de Pedro Sánchez para dar pena, con Feijóo ya se bromea sobre si el próximo congreso del PP se celebrará en una guardería o si la estrategia del partido pasa por presentarse como la «opción del futuro… más futuro que nunca».
El secreto de Moaña: ¿Un pacto a lo Dorian Gray?
La teoría más extendida, y la que ha ganado más adeptos entre los cronistas de lo absurdo político, apunta a los aires de Moaña. Se susurra que la tranquilidad y la brisa marina de la residencia pontevedresa de su compañera, Eva Càrdenas, podrían estar obrando una suerte de milagro estético. Tanto es así, que algunos ya comparan el fenómeno con el mítico Dorian Gray: mientras Feijóo irradia una juventud cada vez más desconcertante en cada aparición pública, quizás en algún discreto rincón de su hogar de Moaña, un retrato oculto yace acumulando todas las arrugas, ojeras y signos del cansancio político que a él le son ajenos.
Mientras tanto, en la sede socialista, el equipo de comunicación ha entrado en pánico. «No podemos atacar a alguien que cada día parece más inocente», lamentaba un asesor. «¿Cómo vamos a contraponer un programa electoral con la pureza del Shawn Mendes de la política?» Nos recuerdan a los carteles electorales de Fraga Iribarne, en Galicia, en cada elección parecía más joven. El entonces vicepresidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, aseguraba que «la foto representa la «imagen fiel» de Fraga, exacta, sin tocar ni arriba ni abajo». Con las gafas de Cagliostro, veía a Fraga «algunos días más rejuvenecido y otros tal cual es» añadiendo, «hay fotógrafos mejores que otros». Una lección que aprendió el cada vez más joven Alberto Núñez Feijóo.
Por su parte, el entorno de Feijóo se mantiene hermético, atribuyendo el fenómeno a «una vida sana, una dieta equilibrada y la energía que le da servir a España». Sin embargo, nadie ha podido explicar aún por qué el líder de la oposición ha empezado a preguntar por la hora del recreo en las reuniones de dirección.
El misterio del «Feijóo joven» persiste, y la única certeza es que, si esta tendencia continúa, el Partido Popular podría estar a punto de presentar no solo un proyecto de gobierno, sino también una revolución biológica. ¿Será este el verdadero «cambio de ciclo» que tanto anuncian? Solo el tiempo, o más bien, su reversión, lo dirá