Brindis, fiestas y patinazos de lenguas: la política lucense en plena “calma chicha”

El verano en la provincia de Lugo es una estación para el sol, las fiestas y, por supuesto, la política. O al menos, su versión más folclórica. Mientras los ciudadanos disfrutan de las celebraciones patronales, regadas con buen vino de las varias Denominaciones de Origen, sin embargo, la política del PSdeG de Lugo parece haberse sumido en una «calma chicha», un silencio sospechoso que, según los entendidos, es la antesala de una tormenta de proporciones épicas.

Esta aparente tranquilidad de agosto tiene un nombre propio: José Tomé, presidente de la Diputación. El dirigente parece haberse convertido en el «jardinero» oficial de las festividades, paseándose de feria en feria y de brindis en brindis. No es casualidad que estos eventos, tan del gusto popular, sean financiados con dinero público. Como bien señala alguna voz crítica, estos fondos son el abono perfecto para cultivar una imagen de cercanía. Una imagen que, al parecer, «ni mil lavadoras podrían blanquear», incapaces de eliminar las manchas de unas políticas que algunos se atreven a tildar de caciquiles.

El verano, sin embargo, es una época de relajación, incluso para la lengua. Y se sabe que los brindis, a veces, invitan a la sinceridad y a los «patinazos». Cuentan que, José Tome, al igual que la canción de Los Brincos, desataba su lengua en un acto de confesión involuntaria, sobre un castro. No sé si era del de Viladonga o el del PSOE. Una indiscreción que no cayó en saco roto. Ya se sabe, siempre hay alguien escuchando detrás de la puerta.

En el escenario político lucense, el Bloque Nacionalista Galego (BNG) parece tener un foco claro: la promoción de la figura de Rubén Arroxo. Mientras el teniente de alcalde y la concejala de Cultura, Maite Ferreiro, visitaban a la bailarina Suevia Rojo al final de su residencia artística, se hacía evidente el intento del partido nacionalista de asociar a Arroxo con iniciativas culturales relevantes. Arroxo va sumando «enemigos, desde Jesús Vásquez, el de los tranvías de Durango, presidente eterno de las AAVV hasta el «jefe» de CCOO de Lugo. Extraños compañeros de cama provocan algunos intereses.

El Partido Popular de Lugo ha condensado su estrategia política y su visión de futuro para la provincia y el municipio lucense en un eslogan directo y contundente: «Lugo necesita un cambio». Esta frase se ha convertido en el pilar de su discurso, utilizado por sus principales figuras, como Elena Candia, presidenta provincial, y Antonio Ameijide, portavoz en la Diputación, para criticar la gestión actual y proponer su propio modelo de gobierno.

El eslogan refleja una doble intención. Por un lado, busca cuestionar la labor de los actuales gobiernos del PSOE y el BNG, tanto en el Ayuntamiento de Lugo como en la Diputación Provincial. El PP argumenta que la falta de proyectos de gran envergadura y las deficiencias en la gestión diaria, demuestran un estancamiento que requiere un giro de timón.

Así pues, mientras los lucenses aprovechan las fiestas del verano, el ambiente político se cuece a fuego lento. Los «patinazos», las pullas y las críticas soterradas forman parte del aperitivo de lo que se avecina. Con el regreso de septiembre, y el fin de la temporada festiva, esta «calma chicha» del PSdeG de Lugo amenaza con estallar en una tempestad que, quién sabe, podría redefinir el panorama político de la provincia.

Fotografía Facebook Concello de Monforte

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