Tras el convulso pleno extraordinario de ayer en la Diputación de Lugo, la presión política se traslada ahora directamente al Bloque Nacionalista Galego (BNG). A pesar de haber votado a favor de la reprobación institucional, las miradas apuntan a Ana Pontón y a su grupo provincial como los responsables últimos de sostener una estructura de poder que mantiene a José Tomé Roca, presunto acosador sexual, y a Pilar García Porto, señalada como «encubridora» de los hechos, en el corazón de la institución lucense.
Antonio Ameijide acusa a la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, de encontrarse ante una situación insostenible ante la opinión pública. Mientras la líder nacionalista declaraba hace semanas que «no se sentaría en un gobierno con un presunto acosador», la realidad es que el BNG lleva ya 20 días cogobernando en la Diputación con la sombra de las denuncias de acoso sobre la mesa.
«La credibilidad feminista de Pontón está en juego», señala Ameijide, le interpela directamente para que aclare si su formación va a sentarse a negociar el nuevo gobierno de la Diputación, previsto para mediados de enero, bajo la premisa de que sin los votos de Tomé y García Porto, el BNG no podría mantener su cuota de poder ni aspirar a la presidencia.
La jugada política de José Tomé de abandonar la presidencia, pero retener su acta de diputado, pasando al grupo de no adscritos, deja al BNG en una posición comprometida. Si el Bloque acepta formar un nuevo gobierno donde sus diputados ocupen vicepresidencias con el apoyo de Tomé y la gestión de García Porto, se convertirán en cómplices de una operación de maquillaje.
Ameijide es tajante. La sociedad lucense y el movimiento feminista exigen una respuesta clara. ¿Elegirá el BNG defender a las mujeres víctimas de acoso o preferirá perpetuar a los señalados para no perder la moqueta de San Marcos? La negociación del próximo gobierno provincial será la prueba de fuego que determine si el feminismo del BNG es una convicción política o simplemente una estrategia de marketing electoral que se desvanece ante el poder.