Los acontecimientos de estos días en Venezuela generan varias reflexiones y requieren un análisis geopolítico, criminalístico e histórico que intentaré exponer de forma clara y concisa en este artículo.
Lo primero es entender que ninguna transformación se realiza en dos días y que, históricamente, ninguna transición pacífica se ha podido llevar a cabo sin la complicidad de quien controla la fuerza militar.
En Venezuela muchos desearían que fueran María Corina Machado o Edmundo González quienes capitalizaran la transición hacia un Estado democrático.
No obstante, ninguno de los dos tiene influencia alguna en el ejército. Por eso Marco Rubio, (que es quien sabe de esto), y no Trump, decide que sea Delcy Rodríguez quien esté momentáneamente al frente del país.
Delcy Rodríguez garantiza una continuidad administrativa: el funcionamiento continuo de los ministerios, de PDVSA, de los bancos, etc.
Esto es así porque, a pesar del golpe recibido, el chavismo sigue teniendo el control de las fuerzas armadas.
En procesos o transiciones complejas se negocia con quien ostenta el poder de la fuerza, no con quien tiene el poder moral.
Por tanto, hay que entender que el poder absoluto de la fuerza lo tiene Estados Unidos y el poder interno lo tiene el chavismo.
Consecuentemente, quien va a mandar será Marco Rubio y quien va a coordinar internamente será Delcy Rodríguez. Aunque no guste, hay que comprender que esto es necesario para evitar un baño de sangre entre civiles.
Este es el pragmatismo necesario para el momento actual. Edmundo González o María Corina serán el después, pero no pueden ser el ahora.
Entender que las transiciones pasan por varias fases es necesario para gestionar la crisis con el menor número de víctimas, más allá de los motivos ocultos que puedan tener los Estados Unidos.
Fase 1: Control del caos
Se trata de colaborar con quien tiene las armas, que son quienes podrían desatar la violencia interna y quienes saben dónde están las minas de oro y de coltán.
Fase 2: Reorganización del poder
Se empieza a introducir en puestos de control y mando a civiles, técnicos y figuras «aceptables». En esta fase podría darse la aparición de Edmundo González, María Corina Machado o personajes de ese perfil.
Fase 3: Legitimación
Aquí se produce el escenario de elecciones y narrativa democrática.
Este es el momento de todos los actores civiles demócratas, entre ellos Edmundo González y María Corina Machado.
No se puede hacer de otra forma si se quiere que sea pacífica. La alternativa abocaría al país a una guerra civil, y nada garantiza que ganarían «los buenos».
Los venezolanos no deben caer en el error de pensar que, si cayó Maduro, el país va a cambiar de la noche a la mañana porque van a gobernar los buenos.
Meter ahora a María Corina Machado como negociadora sería como apagar un fuego con gasolina.
Si todo avanza de forma adecuada, Venezuela podrá evolucionar como Panamá.
Por lo tanto, hay que entender que María Corina no puede ser la negociadora, sino la legitimadora. No puede ser la carta de esta jugada, debe serlo de la siguiente: la que garantice estabilidad y el inicio del camino hacia la prosperidad, como ocurrió en Panamá.
Los castillos no se construyen en dos días, las democracias fuertes y estables tampoco.
Deben seguirse los pasos adecuados en los tiempos adecuados. La detención de Nicolás Maduro no ha traído la libertad a Venezuela, ha abierto una ventana para poder conseguirla.