Entrevista a David Castillo: “Recibir a diplomáticos acusados de vulnerar derechos humanos es una falta de respeto a los valores democráticos”

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El periodista y escritor andorrano David Castillo se encuentra en el centro de una controversia diplomática tras denunciar presiones de representantes de la República de Chipre que, según afirma, vulneran la libertad de prensa. Mientras España estudia medidas diplomáticas contra los responsables, Andorra los ha recibido al más alto nivel institucional. En esta entrevista, Castillo expone los hechos, su desacuerdo con esta recepción y los próximos pasos que piensa dar.

P. ¿Qué ha ocurrido exactamente para que haya decidido dar este paso público?

R. Lo que ha ocurrido es muy grave. En el ejercicio de mi trabajo como periodista, representantes diplomáticos de la República de Chipre en España condicionaron una actuación institucional y diplomática, que es una obligación legal, a que yo entregara material periodístico no publicado, protegido por el secreto profesional. Eso constituye una injerencia directa en la libertad de prensa y una vulneración clara de derechos fundamentales.

P. ¿De qué tipo de material estamos hablando?

R. Del vídeo íntegro y en bruto de una entrevista periodística realizada al presidente de la República de Chipre, grabada en el marco del documental: «Chipre la isla dividida». Es material no publicado y, por tanto, protegido. Exigir su entrega es algo que ninguna autoridad democrática debería plantear jamás y mucho menos como condición para cumplir una obligación que tienen legalmente.

P. ¿Cómo reaccionó usted ante esa exigencia?

R. Me negué, como no podía ser de otra manera. Después remití comunicaciones formales tanto a la Embajada como al Ministerio de Asuntos Exteriores chipriota solicitando aclaraciones y una rectificación. No he recibido ninguna respuesta. Ese silencio institucional agrava todavía más la situación.

P. Ha anunciado una denuncia ante Naciones Unidas. ¿En qué punto se encuentra ese proceso?

R. El proceso está ya en marcha. En los próximos días presentaré una denuncia formal ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas por vulneración de derechos protegidos por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en particular el derecho a la libertad de expresión y de prensa, además de otros incumplimientos muy graves del estado chipriota, como la presencia de soldados fuertemente armados o de concertinas en zonas sensibles y residenciales.

P. Paralelamente, se ha sabido que España estudia retirar el “plácet” a estos diplomáticos. ¿Qué significa exactamente eso?

R. El plácet es la autorización que concede un Estado para que un diplomático extranjero pueda ejercer en su territorio. Su retirada es una medida excepcional que implica la pérdida de confianza del Estado receptor y, en la práctica, el final anticipado de una misión diplomática.

P. Mientras tanto, en Andorra estos diplomáticos han sido recibidos al más alto nivel institucional. ¿Cómo valora usted este hecho?

R. Con enorme preocupación y con desconcierto. Mientras España estudia una medida diplomática de máxima gravedad por unos hechos muy serios, en Andorra —mi país— se les recibe con normalidad institucional. Creo que es un mensaje profundamente contradictorio y difícil de explicar.

P. ¿Considera que esta recepción puede interpretarse como una falta de respaldo institucional a un ciudadano andorrano?

R. No diría que sea algo personal, pero sí creo que transmite una señal equivocada. Cuando hay indicios de vulneración de derechos humanos, especialmente de libertad de prensa, las instituciones deberían extremar la prudencia y la coherencia. Recibir a los presuntos responsables sin ningún matiz público no ayuda a esa coherencia y es una absoluta falta de respeto, ya no a mí, sino a los derechos humanos, a los valores democráticos.

P. ¿Qué espera ahora de las instituciones andorranas?

R. Transparencia y responsabilidad. No pido privilegios, pido coherencia con los valores democráticos que todos decimos defender. La libertad de prensa no es negociable ni secundaria, y menos cuando afecta a un ciudadano andorrano en el ejercicio de su profesión.

P. ¿Piensa continuar con este proceso, aunque aumente la presión política o diplomática?

R. Sin ninguna duda. Si cedemos ante este tipo de presiones, el periodismo deja de cumplir su función. Seguiré adelante por todas las vías legales, institucionales e internacionales disponibles, no solo por mi caso, sino por una cuestión de principios.

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