Nace una ilusión, muere un engaño. Nace SALF muere Podemos

En las elecciones celebradas en Aragón este 8 de febrero ha nacido una nueva ilusión. 

Un partido político llamado SALF se ha presentado por primera vez a unos comicios y ha logrado 12.000 votos más que una formación veterana, nacida en 2014, que un día despertó la esperanza de millones de españoles y que hoy se ha desvanecido entre la frustración y el desencanto, y no solo eso, SALF se ha quedado a 1200 votos de IU-Sumar, un partido con el poder del gobierno que ha invisibilizado al nuevo partido de la sociedad civil intentando hacerlo morir antes del parto, a 1200 votos en todo Aragón, a poco más de 300 del escaño en la provincia de Zaragoza, a 0,08 centésimas de entrar en el parlamento.

Aquel partido que llegó a tener 71 escaños en el Congreso de los Diputados ha desaparecido en Aragón, no porque lo hayan derrotado los demás, sino porque se ha destruido a sí mismo, víctima de sus errores, de su alejamiento de la gente y de su rendición ante la política profesional.

En contraste, SALF representa el nacimiento de una ilusión nueva, una corriente impulsada por personas que desean una España más grande, más justa y libre de corrupción. 

Surge de ciudadanos de bien, gente común, harta de la partitocracia, de la autocracia disfrazada de democracia y de los parásitos de la política profesional que viven del dinero de todos.

Esta nueva fuerza política no nace para dividir, sino para devolver la voz a la sociedad civil. En apenas seis meses de vida ha logrado lo que parecía imposible: superar en votos a un partido consolidado. 

Ese resultado, más allá de lo numérico, muestra el despertar de una España que exige regeneración y dignidad.

SALF tiene claro su objetivo: crecer sin prisas pero sin pausas, consolidarse en las próximas elecciones autonómicas y, sobre todo, llegar con fuerza a las elecciones generales. 

Ahí, en el escenario nacional, se buscará que Luis “Alvise” Pérez pueda representar en el Parlamento la voz de los que hoy no la tienen, la de quienes están cansados de promesas vacías, corrupción y profesionalización del poder.

El gran reto será convencer a los que protestan callando, a esos que votan en blanco o se quedan en casa, formando el mayor “partido político” de España: el de la abstención.

Demostrarles que sí existe una solución, que SALF es una alternativa real nacida desde la gente, sin ataduras y con el deseo de construir un país mejor. Algunos ya hemos apostado por esta lucha. 

El tiempo dirá si teníamos razón, pero lo que está claro es que quien no lucha por su país, por su pueblo o por su patria, ya está derrotado. 

Los que permanecen impasibles ante la injusticia llevan la conciencia manchada de indiferencia. En cambio, aquellos que, aun cayendo, se levantan, perseveran y combaten por un ideal merecen el respeto y la esperanza de los demás.

Porque la historia enseña que unos pocos valientes pueden cambiar el destino de muchos. 

Como los 300 espartanos que resistieron en las Termópilas, demostraron que no hacen falta grandes ejércitos, sino coraje, fe y determinación.

Hoy, con medios humildes pero con una convicción firme, los que hemos decidido formar parte de SALF seguiremos en esa lucha: demostrar que una minoría valiente puede vencer al todopoderoso sistema del bipartidismo, la corrupción y la política vacía.

Nace una ilusión. Muere un engaño. Pero, sobre todo, renace la esperanza de España.

Fuerza, perseverancia y fé.

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