Hoy, 13 de febrero, el mundo se detiene para escuchar, no para mirar una pantalla fría que nos exige estatismo, sino para abrazar esa magia que atraviesa los muros y entra en nuestras casas sin pedir permiso, pero con el respeto sagrado de quien se sabe un invitado de honor.
La radio es la última frontera de la libertad; mientras otros medios nos dictan qué ver, la radio regala los pinceles y nos convierte en los directores de fotografía de nuestra propia mente. La Radio pone la voz y los oyentes dibujan el color de los ojos del narrador, el verde del césped o la penumbra de un estudio de madrugada.
Cuando el mundo duerme y el silencio pesa, la radio se transforma en ese susurro cómplice que nos dice: «No estás solo». Una frase bien dicha, con el tono preciso y un silencio a tiempo, cala mucho más profundo que cualquier imagen en alta definición. Es la conexión humana y directa del «aquí y ahora», un puente de hilos invisibles que une corazones a través de las distancias.
Pero la radio no son solo antenas y transistores. La radio sois vosotros. Sin el oído atento que se emociona, se indigna o se informa, las ondas no serían más que un desierto de silencio.
En nuestra ciudad, la radio deportiva no ha sido solo información; ha sido escuela de vida y de coraje. Hablar de la radio en A Coruña es invocar a maestros que practicaron la «información sin camiseta», esa que no se debe a colores, sino a la honestidad.
Recordamos con un nudo de emoción a los gigantes que crearon escuela: Manuel Fernández Trigo, (Triabe), José Antonio Martínez, Moncho Viñas, Fran Gutiérrez y, por supuesto, el eterno Manolo Castelo. ¿Quién no ha sentido un vuelco en el corazón en la grada de Riazor o frente al receptor al escuchar aquel mítico: “¡Por los clavos de Cristo!”? Era más que una frase; era el lamento de toda una ciudad cuando el balón se negaba a entrar, una conexión mística entre el micrófono y el sentimiento herculino que unía la voz del inolvidable Manolo Castelo.
Ser fiel a la palabra tiene sus riesgos, bien lo supo Moncho Viñas, a quien intentaron callar con el frío acero de una pistola a la salida del trabajo. Pero los maestros de la vieja guardia no se acongojan; siguieron adelante con la verdad como única bandera, enseñándonos que el periodismo es, ante todo, integridad.
Tras ellos, la llama siguió viva con los poetas de la narración moderna: Germán Dobarro, José Gerardo Fernández, Alberto Gómez Barros, Jesús Sobrino, Marco Antonio Sande, Mario Durán, Javi Torres, Fran Hermida, Óscar Martínez, Adrián Candal, Pepe Torrente, Leti Chas, y tantos otros que han convertido cada tarde de partido en una epopeya lírica. Ellos son los que transforman un pase largo en un verso y un gol en un estallido de alegría colectiva que viaja por el aire.
Los tiempos han cambiado radicalmente, pero la RADIO sigue ahí, inmutable en su esencia, fiel a su cita. Porque mientras exista una voz que hable y un alma que escuche, la magia seguirá viva.
O Poema chega ó final coas voces míticas deportivas da Radio Galega. Afonso Pardo, Raúl Villares, Kiko Novoa, Xaime Arias, Roberto Carlos Carballo, Xoán Galán, Xesús Lodeiro, Pedro Pablo Alonso, e un largo rosario de profesionais que levaban o Galicia en Goles a todos os recunchos de Galicia.
¡Larga vida a la radio!