Descubre cómo alteran los móviles nuestro cerebro en “El cerebro hackeado”

Con frecuencia nos encontramos absortos ante el móvil, haciendo scroll más tiempo del que somos conscientes, o ver a otros en la misma situación. Incluso a niños de corta edad. A nuestro alrededor ha surgido un enemigo que hace pocos años no podíamos ni imaginar: las pantallas.

¿Son los móviles perjudiciales? ¿Cuánto? ¿Para quién? Vivimos un momento de absoluta incertidumbre y estamos aterrorizados con los posibles efectos perjudiciales de la tecnología en niños y adolescentes. Sin embargo, la mayoría de las opiniones van más cargadas de contundencia que de ciencia.

En El cerebro hackeado, el neuropsicólogo Aarón Fernández del Olmo analiza nuestros miedos, nuestra forma de funcionar y la de los smartphones para explicar cómo los móviles están cambiando nuestro cerebro. Alteraciones que ha hecho durante toda nuestra historia como especie, pero que nunca se ha visto obligado a realizar a la velocidad que le estamos imponiendo. Un punto de partida para plantearse qué estamos dispuestos a aceptar en nuestra relación con las pantallas y cómo podemos conseguir un uso de la tecnología más saludable.

Tu cerebro cambia con la experiencia. Estoy seguro de que has leído esta afirmación centenares de veces en prensa y libros de divulgación. Que tu cerebro es «plástico», o incluso que es como un músculo. Parece que está hecho para absorberlo todo. ¿Y qué decir del cerebro infantil? Ya se sabe que es aún más plástico y modificable. Una esponja que integra todo lo que se le pone por delante. Lo que no suelen contarte es que esa plasticidad tiene sus reglas, sus tiempos y sus límites. El avance de las nuevas tecnologías parece no haberlos tenido en cuenta. O quizá fuimos nosotros mismos al implantar las pantallas de manera general. Aunque hoy en día es fácil echarles la culpa de todo, resulta que ellas no se metieron solas en nuestras casas y bolsillos.

Nuestro cerebro es una maravilla que sostiene procesos de los que ni siquiera somos conscientes. Un órgano que ha permitido que podamos crear cosas tan complejas como la lectura, las ciudades o los móviles. Pero todas ellas también lo han modificado, además de su forma de funcionar. ¿Cómo es posible? Precisamente por esa plasticidad. El sistema nervioso central y el cerebro de los diferentes seres vivos de este planeta se han ido construyendo para adaptarse al mundo que los rodeaba y facilitar así la supervivencia. Pero el ser humano ha sido el único que ha hecho cambios significativos en su entorno para adaptar el mundo a cómo funciona él mismo. Y, curiosamente, esos cambios también nos han cambiado a nosotros. El entorno que construimos nos fue construyendo. Un bucle infinito.

De modo que lo que inventamos cambia el mundo que nos rodea, y eso transformará el cerebro de las generaciones venideras que habrán de llegar a ese «nuevo» mundo. Pero ¿y si nuestros cerebros no estuvieran preparados para asumirlo? ¿Podría darse tal situación? Precisamente esa es la cuestión a la que nos enfrentamos con las nuevas tecnologías.

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