El Gobierno de Lugo ya no es un equipo, es un sálvese quien pueda. Mientras Miguel Fernández ostenta un bastón de mando que parece de plastilina y Rubén Arroxo se pierde en el laberinto de sus propios cuchillos internos, el aire en el Concello huele a despedida. La sombra de Elena Candia ha dejado de ser un rumor de pasillo para convertirse en una cuenta atrás que tiene al gobierno contra las cuerdas.
El espectáculo es inaudito: el propio BNG alimenta una campaña que da por hecha la caída del gobierno, mientras Arroxo intenta sobrevivir a unas facciones internas que le buscan sustituto antes de que termine el café. El líder nacionalista está tan «fuera de lugar» que los ciudadanos ya no saben si gobierna o si simplemente está esperando a que alguien le abra la puerta de salida.
Por su parte, el ala socialista ha pasado de la crisis al ridículo. Miguel Fernández, el alcalde que nunca llegó a mandar, se enfrenta a una rebelión de sus propios concejales. Ni el auxilio desesperado de Lara Méndez esta semana ha servido para poner orden en un equipo que ya ha cambiado de cromos dos veces porque nadie se soporta.
Elena Candia: La mudanza que viene
Mientras el PSOE y el BNG se pelean por los restos de un naufragio, Elena Candia observa con la tranquilidad de quien sabe que la fruta está madura. La moción de censura ya no es una amenaza, es el elefante en la habitación que nadie puede ignorar.
Socialistas y nacionalistas han perdido el control del día a día. Han olvidado que su trabajo era gestionar Lugo para centrarse en su deporte favorito: la zancadilla interna. ¿Lograrán comerse las uvas en el Gobierno o será la próxima semana el momento en que Candia ejecute el jaque mate definitivo? Puede que la situacion se precipite y Elena Candia anuncie mañana o pasado la moción de censura. Recordando sus palabras en Vilalba, echó las redes para pescar en Lugo. Blanco y en botella….