
La estrategia del presidente Trump en Irán y Venezuela no son las únicas que funcionan y están proporcionando éxitos importantes a Estados Unidos. También la agenda comercial de Trump funciona a todos los niveles. Ha reducido la dependencia de China y nos está llevando a una verdadera «época dorada» de prosperidad, inflación controlada, déficits y deuda a la baja y economía en auge. Todo lo que la izquierda y los medios se han empeñado en calificar de catástrofe, va mejor que nunca.
Un repaso de la situación nos deja ante realidades que nada tienen que ver con la propaganda anti Trump de medios y críticos estreñidos de odio. La agenda comercial del presidente Trump está reduciendo drásticamente los desequilibrios comerciales con las principales potencias mundiales y disminuye la dependencia de Estados Unidos de China.
El déficit comercial, la diferencia entre lo que los estadounidenses compran y lo que los productores estadounidenses venden a otros países, se redujo a un mínimo anual de 59.600 millones de dólares. El déficit se está reduciendo porque finalmente tenemos un líder que se niega a subsidiar al mundo. Los “expertos” al mando hasta ahora no sólo eran incompetentes, sino cómplices del saqueo de esta nación. El uso de la estrategia arancelaria, como herramienta de presión y negociación, también impulsó cientos de miles de millones de dólares en inversión extranjera en Estados Unidos, así como nuevos acuerdos comerciales más justos y equilibrados, y el regreso de miles de empleos manufactureros.
Al insistir en la equidad, hacer cumplir las facultades preexistentes y vincular los resultados comerciales con la producción e inversión nacionales, la Administración Trump ha transformado el papel del comercio, utilizándolo como una herramienta estratégica para fortalecer la economía estadounidense y reforzar la seguridad nacional. Es un logro de extraordinario valor. Si un presidente demócrata hubiera conseguido lo mismo, ya le habrían dado el Nobel de Economía, beatificado y adulado sin parar por los medios 24 horas los siete días de la semana. Saben que es verdad. Como el autor de semejante victoria es Trump, ni lo mencionan.
La política de Trump se ha enfocado en lo importante para los ciudadanos, no como Pedro Sánchez en España, que sólo busca el beneficio para los suyos. Así, la Administración, al adoptar una postura firme y centrarse en la producción estadounidense, ha conseguido que Estados Unidos mejore su balanza comercial de bienes con muchos países, incluidos China, el Reino Unido, Italia, Alemania y Corea del Sur.
De acuerdo a los últimos datos, las importaciones procedentes de China cayeron en más de 97.000 millones de dólares en 2025. Y 2026 sigue el mismo camino a la baja; se han logrado cientos de miles de millones de dólares en compras de energía y compromisos de manufactura por parte de países como Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y la Unión Europea; países con economías importantes firmaron acuerdos con Estados Unidos a cambio de aranceles más bajos; y países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, etc, garantizaron más de dos billones de dólares en inversiones en Estados Unidos.
El ejercicio de las facultades comerciales estadounidenses, combinado con acuerdos y marcos estratégicos, ha mejorado el acceso de Estados Unidos a los mercados extranjeros, al tiempo que ha fomentado la inversión nacional. Estos esfuerzos han reforzado el vínculo entre comercio, competitividad industrial y seguridad nacional, creando las condiciones para la próxima era dorada de prosperidad económica, tal y como prometió Trump.
Tras el fallo de la Corte Suprema, el presidente está reconstruyendo su base arancelaria amparándose en otras facultades legales y previsiblemente los principales acuerdos comerciales se mantendrán intactos. Trump impuso un nuevo arancel global del 10% en virtud de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, y está valorando elevar esa tasa al 15%. Los aranceles de la Sección 122 pueden permanecer vigentes durante 150 días, tras los cuales el Congreso debe aprobarlos. También está recurriendo a disposiciones comerciales que le permiten imponer aranceles por motivos de seguridad nacional o para sancionar a países por prácticas comerciales desleales, como el exceso de subsidios de industrias o el uso de trabajo forzoso.
Trump, que de tonto no tiene un pelo, ya estaba impulsando los aranceles de la Sección 232 para reactivar la industria manufacturera en sectores clave, como el acero, el aluminio, el cobre, la madera, los automóviles y los camiones, incluso antes del fallo judicial.
Nada de lo que hace Trump es al azar, sino que sabe moverse con flexibilidad y astucia. La Administración ha implementado una estrategia integral para reconstruir la base industrial estadounidense, reequilibrar las relaciones comerciales, garantizar la reciprocidad, cerrar las lagunas legales que perjudican a los trabajadores estadounidenses y utilizar el poder de mercado de Estados Unidos para obtener mejores condiciones con sus socios comerciales. Y está llevando acabo esta estrategia con firmeza y brillantez, le duela a quien le duela.
Las prácticas comerciales desleales y las políticas comerciales e industriales perjudiciales para el país han generado enormes problemas en la economía estadounidense y anulan la eficiencia del comercio, en detrimento de los trabajadores y la industria estadounidenses. Por eso cuando el presidente Trump regresó a la presidencia, lo hizo con un claro mandato del pueblo estadounidense: confrontar un sistema comercial que se había alejado considerablemente del equilibrio, la equidad y la reciprocidad, y restablecer la política comercial como una herramienta al servicio de los trabajadores, las industrias y la seguridad nacional de Estados Unidos. Y eso es lo que está haciendo el presidente Trump. Los resultados lo avalan. En un solo mes el gobierno federal despidió a casi 160.000 trabajadores. Al mismo tiempo, el sector privado ha añadido 700.000 empleos desde que el presidente Trump asumió el cargo e impulsó la actual política económica y comercial basada en menos burocracia hinchada, más empleos reales y más productividad donde realmente importa.
Un claro ejemplo de la política comercial como herramienta para reforzar la seguridad nacional ha sido la medida aprobada el pasado mes de abril dirigida contra las naciones que brinden apoyo militar al régimen de Irán. Trump ordenó la imposición inmediata de un arancel del 50% sobre todos los bienes importados hacia Estados Unidos provenientes de cualquier país que suministre armamento a Irán. Esta medida forma parte de una estrategia para aumentar la presión económica internacional y desalentar el respaldo militar al gobierno iraní.
La agenda comercial de Trump funciona y lo que cuentan los medios para demonizarlo son cuentos para asustar a ignorantes y desinformados, y para avivar ese odio enfermizo de algunos sectores sociales.