El Evangelio según Jesús Vázquez: De las «treinta monedas» a la balística municipal

Es verdaderamente refrescante ver cómo, en pleno siglo XXI, el concepto de «participación ciudadana» evoluciona hacia formas tan… digámoslo suavemente, explosivas. En el Pleno del pasado jueves del Ayuntamiento de Lugo, Jesús Vázquez y su séquito de la Federación Vecinal Lucus Augusti nos regalaron una lección magistral de civismo. Porque, ¿qué mejor manera de representar los intereses de un barrio que lanzando objetos e improperios a una concejala?

Se dice que la política es el arte del diálogo, pero Vázquez parece haber descubierto un atajo: la balística municipal. Su comportamiento hacia María Reigosa no solo fue una oda a la elegancia, sino que redefine el rol del líder vecinal. Ya no basta con pedir luz en las farolas o el arreglo de un bache; ahora, al parecer, el cargo exige un entrenamiento previo en lanzamiento de disco —o de lo que se tenga a mano— y un doctorado en descalificaciones. Un comportamiento digno de una final de copa de alto riesgo, pero ejecutado cómodamente entre paredes institucionales.

Resulta fascinante la trayectoria de este humilde servidor público. Con la sencillez de quien solo posee una librería y una plaza de profesor, Vázquez ha logrado forjar un patrimonio y un poder que ya quisiera para sí algún magnate de Silicon Valley. Es el «milagro lucense»: esa capacidad de convertir el activismo vecinal en un motor de influencia tan determinante que las instituciones, Ayuntamiento y Diputación, parecen haber olvidado el concepto de «transparencia» a la hora de fiscalizar las ayudas que recibe.

La moción de censura del próximo jueves ha puesto a nuestro héroe en una posición incómoda. Se la juega a todo o nada. Es enternecedor observar cómo alguien que ha vivido al calor de los favores políticos se enfrenta ahora al abismo de la irrelevancia. Si en 2027 la Diputación cambia de color, el «timonel» Vázquez tendrá que demostrar su verdadera habilidad: el equilibrismo extremo.

No duden que, si el viento cambia, veremos a Jesús Vázquez descubriendo nuevas virtudes en aquellos a los que hoy desprecia. Al fin y al cabo, para mantenerse a flote en el presupuesto público, uno debe estar dispuesto a cambiar de chaqueta con la misma velocidad con la que sus «secuaces» lanzan objetos en un pleno.

Lugo puede dormir tranquila. Mientras tengamos líderes vecinales que confunden el activismo con el vandalismo de grada, y la representación ciudadana con el beneficio personal, el espectáculo está garantizado. Eso sí, la próxima vez que vayan al Pleno, lleven casco. Por si el «diálogo» se vuelve demasiado intenso.

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