Consenso de la SEMI y la SEMPSPGS para la atención de casos y contactos por hantavirus

La Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria —SEMPSPGS— y la Sociedad Española de Medicina Interna — SEMI— consideran necesario trasladar un mensaje claro, sereno y basado en la evidencia ante la aparición de posibles contactos y casos relacionados con hantavirus, y en particular con el virus Andes. Las enfermedades transmisibles requieren una respuesta sanitaria organizada, proporcionada al riesgo, científicamente fundamentada y coordinada entre todos los niveles asistenciales. En España, esta respuesta existe, está estructurada y se apoya en profesionales altamente cualificados del Sistema Nacional de Salud.

La comunicación pública en este tipo de situaciones debe evitar simplificaciones, interpretaciones alarmistas o mensajes que puedan generar percepciones erróneas sobre la capacidad de respuesta del sistema sanitario español.

Ante cualquier intento de generar confusión, alarma injustificada o cuestionamiento interesado de la capacidad del sistema sanitario, la respuesta debe ser inequívoca: los pacientes con enfermedades transmisibles en España están atendidos por circuitos clínicos, preventivos, diagnósticos y asistenciales consolidados. La vigilancia epidemiológica, la identificación y seguimiento de contactos, la prevención de la transmisión, la seguridad de los profesionales, el diagnóstico microbiológico y la atención clínica forman parte de un proceso integral en el que cada especialidad aporta competencias específicas y complementarias.

La experiencia acumulada durante la pandemia de COVID-19 demostró la capacidad del Sistema Nacional de Salud para articular respuestas complejas y coordinadas entre atención primaria, salud pública, medicina preventiva, microbiología, medicina interna, cuidados intensivos y otras especialidades implicadas. Las enfermedades transmisibles complejas requieren precisamente este tipo de abordaje colaborativo, en el que ninguna especialidad, de forma aislada, cubre por sí sola todas las necesidades preventivas, diagnósticas, asistenciales y organizativas.

La SEMPSPGS recuerda que la Medicina Preventiva y Salud Pública tiene reconocido oficialmente un campo de actuación que incluye la epidemiología, la administración sanitaria, la medicina preventiva, la salud ambiental y laboral y la promoción de la salud. Su programa formativo define esta especialidad como capacitada para la vigilancia de la salud de la población, la identificación de necesidades sanitarias, la planificación, gestión y evaluación de servicios, así como para la prevención en instituciones asistenciales, hospitalarias y extrahospitalarias. La propia SEMPSPGS incluye entre sus objetivos el estudio y desarrollo de la especialidad, la cooperación docente e investigadora y la participación en planes y campañas con las administraciones públicas en beneficio de la comunidad.

Por su parte, la SEMI subraya el papel esencial de la Medicina Interna en la atención integral de los pacientes adultos con enfermedades infecciosas en el ámbito hospitalario. La Medicina Interna aporta una visión global del paciente, especialmente cuando existe complejidad clínica, pluripatología, comorbilidad o riesgo de evolución grave. La SEMI ha reafirmado recientemente que los internistas asumen de forma habitual la asistencia de una parte muy significativa gran parte de las infecciones atendidas en el hospital, integrando valoración clínica, diagnóstico diferencial, tratamiento y coordinación asistencial y continuidad de cuidados. Este papel se corresponde con el programa oficial de la especialidad, que define la Medicina Interna como una especialidad de atención global al enfermo adulto, bajo el principio de que ningún problema clínico del adulto es ajeno a su responsabilidad.

En relación con el hantavirus, es importante trasladar información precisa y proporcionada. Los hantavirus son virus transmitidos principalmente por roedores, a través de la inhalación de partículas procedentes de orina, heces o saliva contaminadas. La mayoría de los hantavirus no se transmiten de persona a persona; la excepción más relevante es el virus Andes, descrito en determinadas zonas de Sudamérica, donde puede producir síndrome cardiopulmonar por hantavirus y, de forma infrecuente, transmisión interpersonal en situaciones de contacto estrecho y prolongado. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades – ECDC- señala que el virus Andes no se transmite fácilmente entre personas y que no plantea un riesgo de propagación comparable al SARS o a la COVID-19.

En el momento actual, no existe evidencia de transmisión comunitaria sostenida ni de un riesgo elevado para la población general en España o Europa. Ello no implica minimizar la relevancia clínica del problema. La infección puede causar cuadros graves, con afectación respiratoria, hemodinámica o renal, y en algunos casos evolución rápida y potencialmente mortal. De ahí la importancia de la estrecha vigilancia epidemiológica.

El hantavirus puede causar cuadros graves, con afectación respiratoria, hemodinámica o renal, y en el caso del virus Andes la evolución puede ser rápida y potencialmente mortal. La OMS recuerda que no existe actualmente un tratamiento antiviral específico aprobado frente a la infección ni una vacuna licenciada de uso general para la infección por hantavirus; el tratamiento es fundamentalmente de soporte hemodinámico y respiratorio, monitorización estrecha y el acceso precoz a cuidados intensivos cuando esté indicado.

Por ello, la clave no está en lanzar mensajes alarmistas, sino en aplicar de forma rigurosa los principios clásicos de salud pública y medicina clínica: detección precoz, aislamiento cuando proceda, vigilancia activa, clasificación de contactos según riesgo, protección de profesionales, diagnóstico microbiológico seguro, información transparente y comunicación coordinada con la ciudadanía. El Ministerio de Sanidad aprobó el 8 de mayo de 2026 un protocolo para personas desembarcadas del buque MV Hondius, afectado por un brote de virus Andes, con medidas de cuarentena, vigilancia activa, PCR a la llegada y a los siete días, habitaciones individuales, aislamiento en presión negativa ante casos probables y derivación de casos confirmados a unidades de aislamiento y tratamiento de alto nivel.

Desde la SEMPSPGS y la SEMI debe defenderse un modelo colaborativo y no fragmentado. En atención primaria, los profesionales de Medicina Familiar y Comunitaria, junto con los equipos de salud pública y epidemiología, son esenciales para la primera valoración, la detección de síntomas, el seguimiento comunitario, la comunicación con pacientes y familias y la derivación cuando procede. En el hospital, los servicios de Medicina Preventiva y Salud Pública lideran la prevención y control de la transmisión, la evaluación del riesgo, los circuitos de aislamiento, las medidas de protección de profesionales, la coordinación con salud pública y la vigilancia de contactos. Microbiología aporta el diagnóstico de laboratorio, la bioseguridad de las muestras y la confirmación etiológica. Medicina Interna asume la valoración y el manejo integral del paciente adulto hospitalizado con enfermedad infecciosa, especialmente cuando existe complejidad clínica. Y, cuando la gravedad lo requiere, se solicita la colaboración de Medicina Intensiva, Urgencias, Neumología, Nefrología, Salud Laboral etc. Y resto de especialidades y otros profesionales implicados.

Este es el funcionamiento real del Sistema Nacional de Salud: un modelo de cooperación entre especialidades, no de competencia. La seguridad de los pacientes, de la ciudadanía y de los profesionales sanitarios no depende de mensajes corporativos ni de simplificaciones interesadas, sino de protocolos, competencias acreditadas, trabajo en equipo, formación continuada, investigación y liderazgo clínico y preventivo.

La SEMPSPGS y la SEMI consideran especialmente importante destinar más recursos, más investigación y más reconocimiento para los colectivos que están en primera línea de la atención real a los pacientes con enfermedades transmisibles. No puede pedirse a los profesionales que vigilen, prevengan, diagnostiquen precozmente, traten, acompañen, comuniquen y protejan a la población, y al mismo tiempo limitar sus oportunidades de investigación, innovación, formación avanzada y desarrollo profesional. La respuesta ante amenazas emergentes exige reforzar a quienes sostienen diariamente la prevención, la salud pública, la asistencia clínica y la seguridad del sistema.

En definitiva, ante posibles contactos y casos de hantavirus, España dispone de profesionales, protocolos y estructuras capaces de responder con rigor y proporcionalidad. La ciudadanía debe recibir información veraz, comprensible y basada en la evidencia. Los contactos deben ser identificados, clasificados y seguidos según criterios de riesgo. Los casos sospechosos deben ser evaluados precozmente. Los casos graves deben recibir soporte clínico inmediato. Y los profesionales deben desarrollar su labor con equipos de protección adecuados, circuitos seguros y respaldo institucional.

La conclusión debe ser clara: ante el hantavirus y ante cualquier enfermedad transmisible emergente, no se puede minimizar el problema ni alarmar innecesariamente.

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