Pedro el prestidigitador y la subasta de las alfombras

En la España política actual, las leyes de la física y de las matemáticas han quedado oficialmente suspendidas. El responsable de este milagro no es otro que Pedro Sánchez, un líder con una capacidad única, casi de ilusionista de feria, para sacar conejos de la chistera parlamentaria justo en el milisegundo anterior a quedarse sin oxígeno. Es el Rey Midas de la supervivencia, da igual que el agua le llegue al cuello o que el suelo se hunda bajo sus pies; él es capaz de transmutar el fango de una crisis irreversible en el oro de otra semana más de legislatura.

La escena que presenciamos a diario en el Congreso es inaudita. Sus propios socios de investidura lo castigan en público, le rechazan decretos y le sacuden con una contundencia que recuerda a la de quien limpia una alfombra a golpe de palos. Cualquiera pensaría que el entramado está a punto de romperse, pero no. Al bloque de la investidura no lo echan ni con agua hirviendo. El poder, o el pánico a lo que vendría si caen, es el pegamento más resistente del mercado.

En este teatro de la necesidad, cada actor ejecuta su coreografía con precisión milimétrica. Ahí está Junts, aplicando de forma sistemática el mantra del susto o trato. Los de Puigdemont amagan, tensan la cuerda hasta hacerla crujir, votan con la oposición para desgastar al Gobierno y exigen el cielo en cada negociación. Pero, al final, se quedan. Saben perfectamente que mantener al prestidigitador en la cuerda floja es la única manera de seguir cobrándose las facturas de su apoyo.

Mientras tanto, en una esquina del tablero y sin hacer apenas ruido, operan los vascos. El PNV, que acumula más kilómetros de alta política en las piernas que ningún otro grupo de la Cámara, no necesita aspavientos mediáticos. Tienen la paciencia y la disciplina de las hormigas. Saben que los gritos no llenan el Boletín Oficial del Estado. Así, grano a grano, negociación a negociación, van extrayendo discretamente beneficios fiscales, transferencias de competencias e inversiones industriales para el País Vasco. Saben que a Sánchez se le saca más cuando está contra las cuerdas.

La AP-9 y el olvido de Lugo: la miopía del éxito puntual

El último gran «éxito» de esta subasta parlamentaria lo ha protagonizado el Bloque Nacionalista Galego (BNG). El reciente pacto para tramitar la transferencia de la titularidad de la AP-9 a Galicia ha sido vendido por la formación como una victoria histórica. Y en parte lo es, al tratarse de una reclamación que une a todo el territorio gallego frente a unos peajes que han vuelto a subir.

Sin embargo, detrás del brillo de la medalla en Madrid se esconde una profunda contradicción territorial. Mientras el nacionalismo gallego centra todos sus esfuerzos en la autopista del Atlántico para contentar a su electorado urbano, parece olvidarse de que la Galicia interior sigue viviendo en el siglo pasado. Lugo continúa apartada de la modernidad ferroviaria, sin una conexión real de Alta Velocidad (AVE) digna de tal nombre.

Resulta profundamente paradójico ver al BNG elevar la voz y criticar con dureza las políticas de Sánchez en los mítines, mientras en la práctica se convierte en el sostén que estira la vida del Gobierno en Madrid a cambio de acuerdos parciales. Unos acuerdos que, si bien alivian el bolsillo de quienes usan la autopista, perpetúan el aislamiento de comarcas enteras que ni siquiera tienen vías adecuadas por donde ver pasar el progreso.

El prestidigitador de la Moncloa seguirá haciendo trucos y sus socios continuarán apaleando la alfombra para justificar su posición ante sus respectivos votantes. El problema de gobernar a base de concesiones exprés y chisterazos de última hora es que el país se acaba convirtiendo en un puzle inconexo. Un mapa donde las inversiones y las infraestructuras no se dirigen a donde más se necesitan por equilibrio territorial, sino a donde se sientan los diputados cuyos votos deciden si el mago sigue una semana más sobre el escenario.

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