La «adivina» Belarra, el gol de Feijóo y el palco del Rey: el Congreso se juega los minutos de descuento del Mundial

El oráculo tenía razón, al menos en el terreno de juego. Mientras España entera se echa a las calles para celebrar la histórica victoria en la final del Mundial 2026 frente a Argentina y la tan ansiada segunda estrella ya brilla en el firmamento de la Selección, Ione Belarra ha aprovechado la euforia nacional para hacer un guiño irónico a su propio personaje.

«¡Celebrando este merecidísimo triunfo de la selección! Y valorando seriamente dedicarme a la adivinación jeje», ha publicado la secretaria general de Podemos en sus redes sociales instantes después del pitido final.

El mensaje, lanzado en plena algarabía futbolística, enlaza a la perfección con el papel de «Casandra» política que la líder morada había asumido horas antes en Almagro. Si durante su acto vaticinó el naufragio de la legislatura y la fragilidad de los pactos del PSOE, el triunfo de la Selección le ha brindado la excusa perfecta para presumir, en tono de humor, de su «ojo clínico».

Ahora queda la incógnita de si la bola de cristal de Belarra será igual de certera para anticipar los complejos movimientos en el tablero del Congreso o si, por el contrario, sus infalibles dotes adivinatorias se limitan exclusivamente a los aciertos deportivos. El tiempo y la política, dirán si el vaticinio gubernamental se cumple con la misma exactitud que el futbolístico.

La liturgia del triunfo y la Familia Real disfrutó del triunfo español

La Familia Real española ha vuelto a cumplir con su tradicional papel de termómetro del ánimo nacional, sumándose a las celebraciones de un triunfo que ya forma parte de la historia del deporte. Los Reyes y sus hijas han vibrado y disfrutado con el agónico desenlace frente a Argentina exactamente igual que el resto de los españoles, contagiados por la euforia de una jornada inolvidable.

En pleno tsunami de líderes políticos tratando de arañar protagonismo y patrimonializar el éxito de la Selección, la figura de Felipe VI ha vuelto a destacar por el contraste. Frente a los encuadres ensayados y los mensajes de consumo propio de los partidos, el Rey se ha mantenido en su sitio: ejerciendo una representación institucional sobria y cercana, alejada del ruido partidista. Su presencia en la cumbre del fútbol mundial refuerza la imagen de unidad que el país busca proyectar en sus grandes días, consolidando la Corona como el único espectador neutral en un palco habituado a las disputas.

Con el país todavía de resaca emocional tras conquistar la segunda estrella frente a Argentina, la resaca política no se ha hecho esperar. Los líderes de las principales formaciones no han tardado ni un minuto en pisar el césped digital para intentar, cada uno a su manera, arrimar el ascua a su sardina y capitalizar el éxito de la Selección en beneficio propio.

El presidente del Gobierno felicita a los Campeones

En el Palacio de la Moncloa y el resto de los cuarteles generales de la izquierda, la consigna ha sido bien distinta. Cumplido el expediente institucional con mensajes de cortesía obligada y punto, los socios del Gobierno evitan que el tsunami de fervor nacionalista eclipse sus propias agendas. En un tablero político tan fragmentado, hasta los noventa minutos más gloriosos del fútbol se convierten en material de campaña.

Feijóo y sus muchachos «ganaron» el Mundial

El premio a la audacia visual se lo ha llevado Alberto Núñez Feijóo. La fotografía elegida por el líder del Partido Popular para felicitar a los campeones ha desatado de inmediato la ironía en las redes: por el encuadre y la pose, Feijóo parece el auténtico autor del gol de la victoria, un delantero centro rematando al primer toque en lugar del jefe de la oposición. Una puesta en escena diseñada al milímetro para ligar la imagen de éxito y liderazgo nacional a su propia marca.

Con elegancia

Abascal no se queria perder el minuto de gloria de la felicitación

En el extremo opuesto del espectro comunicativo se ha situado Santiago Abascal. El líder de Vox ha optado por un perfil inusualmente tierno y patriótico, alejándose por unas horas de la dureza discursiva habitual para abrazar la épica de la victoria con un tono de orgullo civil y emotividad desbordada.

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