Hay días en los que la política española nos regala estampas para la historia de la diplomacia de vestidor. Entre el humo de los incendios que asolan la Comunidad de Madrid y Ávila, la ciudadanía presenciaba hoy un evento digno de estudio: el apretón de manos entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso.
Atrás quedaron, al menos por unas horas, el «me gusta la fruta» y las habituales dedicatorias matutinas de Ayuso a Sánchez. Ante la tragedia del fuego, la consigna oficial dictaba aparcar la trinchera y proyectar la imagen de un entendimiento tan maduro como responsable. Sin embargo, la verdadera lección de la jornada no se dio en la sala de crisis, sino en la pasarela del puesto de mando.
El «outfit» de la gestión de crisis
Resulta fascinante el criterio de asesoramiento que impera en la Real Casa de Correos. Quien acostumbra a fiscalizar al milímetro el vestuario de la oposición o a señalar cualquier estornudo ajeno como síntoma de debilidad institucional, consideró que la indumentaria idónea para acudir a un incendio no era un equipo técnico ni una vestimenta sobria, sino un modelito de pantalón corto más propio de una jornada en PortAventura o una ruta por la playa.
La duda que recorre las redes: ¿Se acudía a coordinar a los retenes de bomberos o a una sesión fotográfica tipo Dora la Exploradora en mitad de la ceniza?
Mención aparte merece la puesta en escena del Presidente del Gobierno, quien sorprendió al respetable dando una lección básica de saber estar, no necesitó enfundarse un chaleco reflectante de dimensiones épicas con el rótulo de «Presidente del Gobierno de España» para que la comitiva recordara su cargo. Bastó con presentarse con la compostura que exige la gravedad de la situación.
Asesores en fuera de juego
Mientras los equipos de emergencia luchaban contra las llamas en el terreno, en las oficinas de comunicación la metedura de pata adquiría proporciones de incendio forestal. Si el objetivo de la visita era transmitir rigor y empatía con los afectados, la estampa de la mandataria ataviada como para un picnic veraniego demostró que, en esta ocasión, al equipo de asesores de Ayuso no es que se le colara un detall,: metieron la pata hasta el fondo.
En tiempos de zozobra se pide unidad, pero el protocolo no es un capricho estético; es el reflejo del respeto hacia una función pública. Y hoy, las redes no han juzgado ideologías, sino una simple cuestión de civismo e imagen institucional.