
El presidente Trump ha situado Groenlandia como uno de los objetivos estratégicos para Estados Unidos por su valor crítico en varios aspectos: defensivo y en recursos naturales. Para avanzar en un acuerdo de largo alcance, ha nombrado al gobernador de Louisiana, Jeff Landry, enviado especial de Estados Unidos a la isla, quien hizo una visita comercial el pasado mes de mayo para hablar de oportunidades de negocio, ampliación de bases militares y apoyo médico, entre otros temas. No ha sido la única visita de representantes de la Administración Trump.
Más allá de la propaganda anti Trump de los medios y la prensa, la cuestión de Groenlandia está relacionada con la defensa, la adecuada explotación de minerales raros, el turismo, la pesca y una iniciativa de salud estadounidense para abordar la tuberculosis, la hepatitis D y otros problemas en las pequeñas y dispersas aldeas de Groenlandia.
El trabajo de los equipos estadounidenses se centra en identificar aquellas industrias o partes interesadas de Groenlandia que desean ampliar las oportunidades de negocio. De forma paralela, la Administración Trump ha inaugurado nuevas oficinas consulares en el territorio y mantiene contactos con Pele Broberg, líder del partido independentista Naleraq, quien ha abogado por conversaciones directas entre Estados Unidos y Groenlandia que no incluyan a funcionarios daneses. Desde hace meses, Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia llevan a cabo negociaciones de alto nivel sobre el futuro de la seguridad de este territorio. En ese marco, la Administración Trump ha propuesto abrir tres bases militares más en el sur de Groenlandia. El país ya mantiene la Base Pituffik, ubicada a menos de mil millas del Polo Norte, la cual dispone de sistemas de radar de largo alcance con la misión de vigilancia y alerta temprana frente al lanzamiento de misiles balísticos, el seguimiento y control de satélites en órbita terrestre y la vigilancia del espacio para detectar objetos y posibles amenazas.
Este aspecto de seguridad y defensivo es lo que más preocupa a Trump, por ello aboga por un aumento de la presencia militar estadounidense en Groenlandia, que es una necesidad para la seguridad no sólo de la isla, sino también del hemisferio occidental. La seguridad nacional es la principal motivación de la Administración en su enfoque hacia Groenlandia. No olvidemos que ésta se encuentra en la trayectoria más corta entre América del Norte y gran parte de Rusia, lo que permite detectar con rapidez posibles lanzamientos de misiles u otros ataques.
Es cierto que las tierras raras y otros minerales, así como el desarrollo energético y comercial, brinda una buena oportunidad económica para Groenlandia de la mano de Estados Unidos, que podría aportar los recursos y tecnología necesarios para extraer los minerales en un territorio tan remoto, sin mucha infraestructura y con mucho hielo, así como para intensificar y hacer seguras las rutas marítimas, como la ruta del norte, que registra un gran volumen de tráfico; la del paso del noroeste, que conecta los océanos Atlántico y Pacífico y la ruta transpolar que pasa cerca del Polo Norte. Estas rutas son esenciales para las cadenas de suministro chinas y para los despliegues navales rusos y se mantienen operativas gracias a 51 rompehielos rusos de los que ocho son nucleares. Sólo Trump está intentando equilibrar esa ventaja con inversiones en nuevos rompehielos estadounidenses.
La estrategia de Trump sobre Groenlandia no sólo es un acierto, sino que está bien fundamentada en cuestiones relativas a la seguridad, la defensa, los recursos y el comercio.