En Primera División, las tardes redondas no abundan, y la de este domingo en Riazor fue de las que se guardan en la memoria. Tres goles en el marcador, un ambientazo en las gradas y la sensación de que la comunión entre el equipo y la afición ha vuelto para quedarse.
Una jornada de fiesta, fútbol y reencuentro que quedó fielmente reflejada a través de mi cámara, encargada de inmortalizar desde la grada la pasión, el color y la emoción de una parroquia blanquiazul que volvió a disfrutar a lo grande en la élite.











































