Arranca septiembre y, con el inicio del curso político, se abre el año decisivo para la provincia de Lugo. Se acerca el torneo de gala de las elecciones municipales de 2027, donde el botín definitivo no es otro que el control de la Diputación Provincial. En este escenario, nada resulta más reconfortante ni más poético que la supuesta «concordia» dentro de las filas del PSOE lucense. Esos pacíficos pactos entre compañeiros de siglas no están esculpidos para transformar la sociedad, eso sería caer en la vulgaridad, sino para el fin más noble que conoce la fontanería partidista, contentar a absolutamente todas las familias del clan.
Observen, si no, a Carmela López, que se afana en el encomiable arte de aligerar equipaje político. Qué belleza verla intentar soltar el lastre del entorno de José Ramón Gómez Besteiro y de una Lara Méndez que, hoy por hoy, cotiza a la baja en la cuota de poder provincial. Cuentan quienes pasaron por la Feira da Artesanía de Castroverde que la tensión y el distanciamiento entre López y Méndez era tan gélido que amenazaba con congelar los puestos de embutido. Una escena de entrañable fraternidad que se repitió calcada en A Fonsagrada durante la feria de ACRUGA, donde la Secretaria de Organización do PSdeG marcó distancias con la mayoría de alcaldes socialistas… salvo con el regidor de Pol, claro, que para algo es de la casa.
Pero la ingeniería de partido es incansable. Mientras tanto, Lara Méndez intenta mover los hilos en ACRUGA de la mano de César Dorado, impulsando una candidatura encabezada por un veterinario de A Pobra de San Xiao y sazonada con empleados de la casa e influencias de la órbita del PP. Todo ello bajo el manido discurso de «despolitizar» la entidad. A la fiesta no faltó el alcalde de Foz y diputado provincial, Francisco Cajoto, quien prometió fidelidad en el proceso para luego, con un civismo admirable, mover «entre cero y nada» para cumplirlo. La lealtad en su estado más puro.
Por suerte, dentro del caos siempre florece la paz. El sector liderado por Iván Castro ha alcanzado una tregua idílica en la Diputación de Lugo, un par de ajustes estratégicos en las plazas de asesores, porque donde comen dos asesores, comen tres, y asunto resuelto. El binomio López-Castro apunta a un reparto sublime de cuotas, tú te quedas la gestión institucional, yo me quedo el aparato orgánico y dejamos a piezas clave del besteirismo, como Pilar García y Pablo Rivera, al borde del KO técnico. Es la magia del consenso, si el debate ideológico no une al partido, un buen reparto de fontanería institucional lo logra en diez minutos.
Para rematar el banquete de la alta política provincial, entra en escena el toque de esperpento que toda buena comedia necesita: José Tomé negociando movimientos con el alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome. Que el presidente de la Diputación de Lugo y el líder de Democracia Ourensana se hayan citado en dos ocasiones para explorar alianzas en el partido judicial de Lugo y A Mariña, con Galicia Sempre de comparsa, no es desesperación; es, sencillamente, visión táctica.
Así se escribe el futuro político de Lugo. Entre amagos de desahucio a las viejas glorias, puestos a medida, promesas vacías a la cara y pactos inverosímiles. Pero no se preocupen, todo se hace por el bien del pueblo… Claro que algún malpensado dirá que todo esto lo hacen por la cartera y por asegurarse otros cuatro años de «sueldo Nescafé». Pero no sufran: si la jugada sale mal en la Diputación, mantener el control del partido siempre les garantiza un cómodo refugio en el Congreso de los Diputados. Un negocio redondo.