Coca Cola graba a sus clientes

Cuando voy a Lugo suelo quedar con amigos. Uno de ellos es José Luis Rodríguez. Lo conocí a raíz de presentar su libro La Trama, en el que narra todo lo que ha tenido que sufrir ante dos monstruos empresariales de la talla de Coca-Cola e Hijos de Rivera. José Luis sigue luchando en los tribunales, aunque hace unos meses presentó una obra que todo lucense debería tener en su estantería: «Descubre Lugo», un fascinante viaje por toda la provincia para descubrir lugares insólitos.

Sin embargo, lo que hoy quiere mostrar a los lectores va más allá del papel: se trata del revelador audio de una conversación con uno de los máximos responsables de Coca-Cola. En él, el ejecutivo admite no solo que sabe que José Luis le está grabando, sino que reconoce abiertamente que él también le graba a él. Para definirlo sin rodeos, Coca-Cola graba a sus propios clientes.

José Luis, durante cincuenta años su familia estuvo ligada a la marca. Coca Cola ¿Qué significaba para usted Begano cuando era un niño?

Llevaba el color de la marca en el corazón. Estaba tan unido a mí que, durante muchos años, llegué a sentir que formaba parte de mi propia sangre. Mi familia había dedicado medio siglo a la distribución y, desde niño, crecí dentro de aquel mundo. Recuerdo cuando mi padre me llevaba con él a las reuniones de Begano en A Coruña. Para mí, entonces, la palabra de un directivo de aquella casa era poco menos que la palabra de Dios. Confiaba plenamente. Nunca se me habría ocurrido pensar que algún día acabaría sentado frente a ejecutivos de grandes compañías con un teléfono móvil grabando sus conversaciones.

¿Cuándo empieza a romperse esa fe ciega en la compañía?

Cuando las cosas empezaron a cambiar en la calle. Comenzaron a circular rumores: los propios vendedores de Hijos de Rivera empezaban a trasladar a los clientes que ellos mismos se harían cargo de la distribución. La incertidumbre crecía y, finalmente, fueron citando uno a uno a mis compañeros distribuidores de la delegación de Lugo. A mí me tranquilizaron; me dijeron que no me preocupara, que lo que dejara de ganar con unos, lo ganaría con los otros. Qué equivocado estaba. Con el paso del tiempo tuve la sensación de que me habían abandonado como a un perro en el monte.

Fue en ese momento cuando toma una decisión inédita en su vida profesional: empezar a grabar. ¿Cómo fue ese primer paso?

Fue cuando empecé a hacer algo que jamás había pensado que tendría que hacer. No lo hice por gusto, ni me gustaba hacerlo. Pero, a medida que avanzaban los acontecimientos, comprendí que necesitaba protegerme. Empecé a grabar conversaciones con personal de Coca-Cola y de Hijos de Rivera por cómo estaban actuando conmigo, por cómo me trataban y porque cada vez existía una mayor distancia entre determinadas palabras y lo que después ocurría. El teléfono móvil sobre la mesa y, para disimular, las llaves y un paquete de tabaco. Así comenzaron aquellas grabaciones. Nadie podría imaginar algunas de las cosas que se decían en aquellas reuniones y, sobre todo, las contradicciones entre lo que se prometía y lo que posteriormente sucedía.

Fragmento del audio grabado

«La primera vez estaba tremendamente nervioso. Éticamente nunca me sentí cómodo grabando, pero me hacía una pregunta: ¿A quién creería un juez, a varias multinacionales o a un simple distribuidor?»

¿Quiénes se sentaban en esas mesas de negociación?

En muchas de aquellas reuniones estábamos normalmente cinco personas: dos ejecutivos de Coca-Cola, dos representantes de Hijos de Rivera y yo. La primera vez estaba tremendamente nervioso. No estoy orgulloso de haber tenido que recurrir a aquello y éticamente nunca me sentí cómodo. Pero me hacía una pregunta una y otra vez: ¿A quién creería un juez o la opinión pública si algún día tenía que explicar lo que estaba ocurriendo? ¿A varios ejecutivos de grandes compañías o a un simple distribuidor que afirmaba que determinadas conversaciones habían tenido lugar? Seguí grabando. Con el tiempo llegué a acumular más de cuarenta horas de conversaciones.

¿Qué escuchó durante esas más de 40 horas?

Durante aquel tiempo escuché promesas, explicaciones y afirmaciones que posteriormente chocaban de frente con la realidad de los hechos. Vi contradicciones y escuché compromisos que nunca llegaron a cumplirse. Durante un tiempo confié especialmente en Esteban, entonces jefe territorial en Galicia. Me cayó bien y me aseguró que contaban conmigo. Confié en aquellas palabras, pero hoy sé que lo que finalmente ocurrió fue muy diferente.

Sin embargo, durante mucho tiempo planeó la duda legal sobre esas pruebas. ¿Sirvieron finalmente en los tribunales?

Durante mucho tiempo tuve una duda que me carcomía por dentro: ¿servirían aquellas grabaciones algún día ante un juez? ¿Eran legales? ¿Podrían utilizarse para demostrar lo que realmente había ocurrido? La respuesta comenzó a llegar cuando, en el procedimiento judicial relacionado con mis trabajadores, aquellas grabaciones fueron admitidas como prueba pese a la oposición de los representantes legales de Coca-Cola y de Hijos de Rivera. A partir de ese momento comprendí que aquella decisión, tomada con miedo y con enormes dudas, podía tener una importancia que yo jamás había imaginado. Hoy, echando la vista atrás, no me arrepiento. De hecho, volvería a hacerlo.

Pero el momento más inverosímil estaba por llegar en una conversación cara a cara con un alto cargo de Coca-Cola…

Sí, hubo algo que jamás imaginé. Mi sorpresa mayúscula llegó durante una conversación con Alberto, responsable de distribución de la zona norte de España de Coca-Cola. En un momento determinado me lo dijo directamente: «Tú estás grabando mis conversaciones y yo lo sé desde el primer día. Yo también te estaba grabando porque me lo dijo mi abogado, y a ti el tuyo te pudo haber dicho lo mismo».

[AUDIO EXCLUSIVO DE LA CONVERSACIÓN]

Haga clic en el reproductor para escuchar el extracto donde la dirección admite las grabaciones cruzadas:

¿Cómo se queda uno cuando escucha esa confesión al otro lado de la mesa?

Durante unos segundos me quedé sin palabras. Yo había comenzado a grabar porque sentía que estaba solo frente a grandes compañías y necesitaba conservar una prueba de lo que se decía en aquellas reuniones. Lo que jamás imaginé era descubrir que ellos sabían que lo hacía y que, según me reconoció uno de sus propios responsables, también me estaban grabando a mí.

¿Qué le queda hoy de toda esta historia tras medio siglo de trabajo?

Durante años me pregunté si había hecho bien al grabar aquellas conversaciones. Hoy ya no tengo ninguna duda. Lo hice porque sentía que mi palabra, por sí sola, no valía nada frente a la de los ejecutivos de dos grandes compañías. Pero nunca imaginé que, mientras yo grababa para intentar defendedme, al otro lado de la mesa también me estaban grabando a mí. Después de medio siglo de historia familiar ligado a aquella marca, quizá esa sea la frase que mejor resume cómo terminó todo, el distribuidor grababa porque ya no confiaba en la palabra de la compañía… y, según me reconoció uno de sus responsables, la compañía también grababa al distribuidor.

¿Estas solo en la lucha contra dos gigantes?

Mis padres se fueron sin saber cómo acabaría todo esto, y eso es algo que me entristece profundamente. Después de pelear y trabajar duro toda una vida, tuvieron que ver cómo nos traicionaban. Sin embargo, tengo la certeza de que, desde el Cielo o desde el lugar donde se encuentren, siguen dándome fuerzas para que no decaiga.

Dentro de muy poco presentaremos todas las pruebas en el juzgado y será Su Señoría quien decida quién tiene razón. En muchas ocasiones me viene a la cabeza el pasaje bíblico de David contra Goliat: yo soy solo una piedra minúscula, pero la justicia tiene el poder de convertirse en esa piedra en el zapato para Hijos de Rivera y Coca-Cola, que quitará o dará razones en la sentencia. La lucha continúa.

Detrás de las más de cuarenta horas de grabaciones, de los documentos judiciales y de la maraña legal, la historia de José Luis Rodríguez es la de un hombre que solo busca honrar la memoria de su familia y el trabajo de toda una vida. Mientras la Justicia dicta su última palabra sobre los gigantes de la bebida, José Luis sigue caminando firme por las calles de Lugo, con la serenidad de quien sabe que la verdad, tarde o temprano, siempre acaba abriéndose paso.

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