
El acuerdo de Estados Unidos con Groenlandia y Dinamarca para tomar el control de la isla ártica ha sido una de las granes victorias del presidente Trump en los últimos días. Con una estrategia de negociación brillante, Trump ha logrado el control militar de Groenlandia sin comprar la isla y sin disparar ni un tiro. El acuerdo, firmado en el marco de las Naciones Unidas en Nueva York, la pasada semana, permitirá a Estados Unidos ampliar de forma permanente e ilimitada la presencia militar y vetar bases, tropas e inversiones sensibles de países adversarios como China y Rusia. Lo que significa un éxito total en la consecución de los objetivos que tenía marcados, tales como garantizar los intereses de seguridad en el Ártico sin coste para los contribuyentes estadounidenses y situando a Groenlandia dentro del área de defensa estratégica de Norteamérica y fuera del alcance de cualquier otro país enemigo.
Los puntos principales del acuerdo cerrado por Trump son una sucesión de victorias inapelables que estallan ante los medios manipuladores que se burlaban del presidente cuando declaró su interés por Groenlandia, que todos los presidentes han ambicionado antes que él, pero nunca lo consiguieron. Los vemos resumidos:
1. Estados Unidos obtiene el control permanente sobre los asuntos de seguridad y «todas las demás necesidades» en Groenlandia, sin ningún coste para EE. UU.
2. Ningún rival de Estados Unidos podrá establecer una base o mantener una presencia militar en Groenlandia, ni realizar inversiones sensibles allí sin la aprobación escrita de EE. UU, tales como construcción de puertos, minas de tierras raras o la instalación de cables submarinos. Todo requerirá la aprobación estadounidense.
3. El acuerdo es ilimitado y no tiene fecha de vencimiento.
4. Estados Unidos comenzará inmediatamente a establecer una importante presencia militar en la isla.
Para el presidente Trump «este es un acuerdo histórico. Un sueño hecho realidad». Su importancia trasciende porque le concede a Estados Unidos el control permanente de la seguridad de la isla ártica, pone en manos de Washington la autorización de cualquier presencia militar extranjera y abre la puerta a un importante despliegue de tropas estadounidenses allí, algo muy necesario para controlar la defensa de esa extensa región.
Una vez más, Trump ha demostrado su capacidad para alcanzar objetivos estratégicos difíciles, incluso considerados imposibles, con una adecuada mezcla de negociación y presión militar.
El acuerdo contempla derechos permanentes de acceso, establecimiento de bases y sobrevuelo, además de la posibilidad de levantar nuevas instalaciones militares cuando se considere necesario, así como cuantiosas inversiones en infraestructura y la explotación económica de la isla y sus recursos.
Estados Unidos mantendrá la base espacial de Pituffik, la antigua Thule, en el noroeste de la isla, clave para la alerta temprana de misiles, la vigilancia espacial, y el seguimiento de satélites. Actualmente, hay allí alrededor de 130 militares estadounidenses, aunque el complejo reúne a unas 600 personas contando civiles y contratistas privados.
Groenlandia tiene 2.170.000 kilómetros cuadrados, unas 4,3 veces la superficie de España, y sólo 57.000 habitantes. Durante la Guerra Fría, la presencia estadounidense llegó a ser mucho mayor, con miles de efectivos. Lo nuevo de este acuerdo de Trump es que Estados Unidos podrá ampliar de forma permanente y sustancial su despliegue militar y su capacidad de decisión sobre la seguridad de este territorio ártico. La fórmula permite a Trump apuntarse otra victoria y dar por concluidas las tensiones con Dinamarca y los aliados de la OTAN, que nunca supieron comprender los planteamientos estadounidenses ni cuando Trump declaraba que Groenlandia era indispensable para la seguridad nacional y que Dinamarca no tenía capacidad suficiente para defender un territorio situado en una zona cada vez más disputada por las grandes potencias. Todo lo cual era y es cierto.
Trump ha sabido reflejar muy bien lo sucedido: «Durante más de cien años, los presidentes han conocido la importancia estratégica de Groenlandia, pero ninguno pudo hacer nada al respecto». Ahora, él lo ha conseguido y eso eleva su estatus presidencial como uno de los mejores de la Historia.
La isla ártica se encuentra en una encrucijada de las rutas más directas entre Rusia y América del Norte, alberga instalaciones esenciales para la defensa estadounidense y posee importantes depósitos de minerales críticos. Su relevancia aumentaría todavía más si el deshielo llega a convertir las rutas árticas en vías marítimas de utilización habitual, algo que cada vez es más una realidad.
De esta forma, el presidente Trump ha conseguido el segundo de los objetivos de su estrategia de control de regiones y estrechos clave para el comercio internacional y la supremacía tecnológica y militar, a saber: Venezuela, Groenlandia, Ormuz, Gibraltar, Cuba…
En suma, una victoria geoestratégica y política para Trump que refuerza el dominio de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental y su segunda presidencia como una de las más relevantes de la historia moderna.