El éxito económico de Trump. Por James Nava

Los medios manipuladores y la prensa mentirosa no se lo contarán, pero el éxito de la gestión económica del presidente Trump es ya un hecho que se refuerza mes a mes con nuevas noticias positivas. Así, la economía de Trump ha generado ingresos familiares récord y una tasa de pobreza históricamente baja. Con más de 21 billones de dólares invertidos en Estados Unidos, el empleo creciendo rápido, las fábricas abriendo por todas partes y la inflación controlada, la Reserva Federal de Atlanta pronostica un crecimiento del PIB del 5% en el tercer trimestre del año. Según los últimos datos de la Oficina del Censo, la tasa de pobreza acaba de alcanzar su nivel más bajo en la historia de Estados Unidos. Y esto ha sucedido con un presidente conservador, no bajo un demócrata izquierdista. No. Ha sido con Trump. Grábenselo a fuego. Pero eso no es todo. Estados Unidos también acaba de alcanzar el ingreso familiar medio real más alto de su historia. Lo ha logrado en apenas año y medio. Espere, que falta más. La pobreza infantil se redujo a tan sólo el 13,4 %, la tasa oficial más baja jamás registrada. La pobreza entre la población hispana cayó a un mínimo histórico del 13,9%. Los ingresos semanales reales de los trabajadores de la industria manufacturera han aumentado un 4,1% desde enero de 2025; los de los trabajadores de la construcción han aumentado aún más, un 5%. Es el milagro de la economía de Trump, la que favorece a las clases medias y trabajadoras. 

Y todos los indicadores apuntan a que esta situación continuará mejorando. Los críticos señalan a los precios de la gasolina, pero ni siquiera en eso tienen razón, puesto que el precio medio de la gasolina durante el mandato de Biden fue más alto que el promedio durante el segundo mandato de Trump, incluso con la guerra de Irán en curso. La manipulación es evidente para intentar dañar a los republicanos en las elecciones midterm. No es algo nuevo. El manual demócrata está lleno de artimañas similares. Lo intentaron con el Russiagte, los impeachments, los escándalos sexuales, Epstein, etc. Nada les funcionó porque todo era una sarta de mentiras. Tampoco les está funcionando lo de la gasolina. El reciente acuerdo de Trump con Putin permitirá que Rusia suministre de inmediato más de 300.000 toneladas de combustible diésel al mercado estadounidense y global, otras 500.000 toneladas durante el mes de noviembre, y 1.000.000 de toneladas después. Además, Rusia entregará, en un corto período de tiempo, 3.000,000 toneladas de combustible diésel. Eso son casi 5 millones de toneladas de diésel rumbo al mercado. Con esta perspectiva y con el control total del Estrecho de Ormuz, los precios del diésel caerán en picado y con rapidez, beneficiando particularmente a los agricultores, ganaderos y camioneros estadounidenses.

Como Trump demuestra cada día, si los ingresos crecen más rápido que los precios, no se trata de asequibilidad, que ha aumentado claramente en este tiempo. La riqueza familiar está al alza. Eso es un hecho que no admite discusión.

Ahora estamos comprobando cómo esos trabajadores que veían cómo la inflación se comía los aumentos salariales finalmente están progresando de verdad con la política económica de Trump. Manipular esta realidad demuestra que quienes lo hacen no se preocupan por las familias trabajadoras, sino por tácticas electoralistas. 

Los datos económicos positivos son la consecuencia de los cambios fiscales, los aranceles, los incentivos de inversión y la desregulación realizada por Trump. Vean los datos reales. Las familias trabajadoras están progresando. Todo lo demás es humo de la izquierda y de sus medios aliados.  

Debemos recordar la historia reciente. Desde la época de Bill Clinton, la clase dirigente estadounidense nos aseguró que la industria manufacturera había desaparecido para siempre. China fabricaría; nosotros consumiríamos. Rusia y Oriente Medio suministrarían la energía. Europa regularía. Estados Unidos pediría préstamos, importaría y gestionaría su declive «inevitable» y su desplazamiento por potencias más dinámicas. Trump rechazó cada una de esas tonterías y las dio la vuelta. La industria manufacturera estadounidense ha vuelto al país. Ahora somos líderes e independientes en producción energética. Se han eliminado 129 regulaciones por cada una nueva, algo sin precedentes en la historia, y Estados Unidos ha entrado en una fase de prosperidad acelerada y de crecimiento sano. Los trabajadores que ahora reciben sueldos más altos tienen motivos para estar contentos. Sus empresas compran equipos, construyen nuevas fábricas e invierten aún más en capacitación.

El auge de la inversión de capital en Estados Unidos sigue en expansión, ya más de 21 billones de dólares. Los envíos de equipos han aumentado a una tasa anual del 18,9% tan sólo en los últimos tres meses. Y este mismo mes, el presidente Trump anunció la construcción de la planta siderúrgica más grande de la historia estadounidense, un gigante de 15.000 mil millones de dólares que comenzará a construirse en Iowa.

El presidente también ha negociado acuerdos comerciales que abrieron mercados extranjeros a los fabricantes estadounidenses; además, eximió a las empresas extranjeras del pago de aranceles si comenzaban a construir sus plantas en el país. Y como condición para la firma de esos acuerdos comerciales —ya finalizados con países que representan el 67% del PIB mundial— obligó a numerosos países acostumbrados a comprar su energía a Rusia y al Golfo Pérsico a comprarla a Estados Unidos.

Vemos actividad por todas partes. Los obreros de la construcción están levantando las plantas y refinerías. Los perforadores están taladrando los pozos. Eso implica años de trabajo y empleos cualificados para operarlas después. La clave ha sido la modificación del código tributario y los incentivos para la inversión. La gran ley, «One Big Beautiful Bill», de Trump, convirtió en permanente la deducción inmediata de gastos empresariales para equipos y añadió la deducción total para las plantas de producción estadounidenses que cumplieran con los requisitos. Sumado a una desregulación sin precedentes, a los aranceles y a los acuerdos comerciales, ahora no hay mejor lugar para construir una fábrica que en Estados Unidos. 

Mientras tanto, la ausencia de impuestos sobre las propinas, sobre las horas extras y sobre la Seguridad Social beneficia aún más a las clases desfavorecidas que a los ricos.

El liderazgo en IA que Trump está favoreciendo y numerosas nuevas tecnologías supondrán unos aumentos de productividad sin precedentes. Trump está decidido a impulsar la próxima generación de descubrimientos y para ello destinará 250 millones de dólares que harán posible mantener el dominio científico estadounidense. 

Trump no olvida a las futuras generaciones. Por ello, las Cuentas Trump, una de las mejores iniciativas del presidente, están dando a la próxima generación de EE. UU una participación real en el sueño americano. 70 millones de cuentas. Más de 4.500 millones ya depositados desde el 4 de julio. Aproximadamente el 80% de los niños inscritos provienen de familias que ganan menos de 200.000 dólares al año. Una familia que invierta el máximo de 5.000 dólares al año podría ver que esa cuenta alcance un estimado de 303.000 dólares para cuando el niño cumpla 18 años.

Al igual que hizo Ronald Reagan en la década de los 80, el presidente Trump ha sentado las bases para que Estados Unidos domine el próximo siglo con solvencia. 

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