En la recóndita aldea de Soutelo, en la parroquia pontevedresa de Piñeiro, se alza un monumento tan insólito como fascinante: una réplica artesanal del emblema parisino construida con diez toneladas de eucalipto por un exencofrador jubilado. Hoy, entre la nostalgia del fenómeno viral y el reto de alcanzar los 25 metros, esta obra única busca un nuevo mecenas por 30.000 euros.
Hay locuras maravillosas que solo la determinación y el talento de los viejos oficios pueden materializar. Si uno se adentra en los tranquilos paisajes de la aldea de Soutelo, en la parroquia de Piñeiro (Pontevedra), el horizonte verde se quiebra de la manera más inesperada. Allí, desafiando las leyes de la arquitectura popular gallega, se eleva silueteada contra el cielo La Torre Eiffel de Cuntis, una colosal estructura de madera de 17,5 metros de altura que deja boquiabierto a cualquier transeúnte despistado.
De encofrador a constructor de la Dama de Hierro gallega
Detrás de esta quijotesca hazaña se encuentra Javier Loureiro, un vecino de 64 años cuya vida ha transcurrido entre andamios y encofrados. Con la experiencia acumulada durante décadas de duro trabajo en la construcción, Javier decidió un buen día canalizar su destreza técnica hacia un proyecto puramente personal, recrear el monumento más famoso de París en el jardín de la casa paterna.
Lo que comenzó como un pasatiempo de dimensiones titánicas acabó convirtiéndose en una auténtica obra de ingeniería popular. Para levantar esta estructura armónica y resistente, Javier empleó nada menos que 10 toneladas de madera de eucalipto, cortada, tratada y ensamblada con la precisión milimétrica de quien conoce los secretos de la sustentación y las alturas.
Del fenómeno viral a la intimidad del taller
Hubo un tiempo en el que la Torre Eiffel de Cuntis acaparó los titulares de media España. En pleno apogeo de su construcción, la torre se hizo viral en las redes sociales, convirtiendo la apacible aldea pontevedresa en un improvisado punto de peregrinación. Miles de curiosos, turistas y amantes de lo singular acudían en masa hasta Soutelo para fotografiarse junto a la estructura y conocer a su creador.
Hoy en día, el furor mediático ha mermado y las riadas de visitantes han dejado paso a la calma habitual del rural gallego. Sin embargo, el espíritu de su artífice sigue intacto. Quienes se acercan hoy hasta allí se encuentran con un anfitrión excepcional, Javier recibe a los escasos curiosos con una educación exquisita, mostrando orgulloso los entresijos de su obra y compartiendo las anécdotas de un proceso creativo que le robó cientos de horas de esfuerzo.
¿Se vende un icono?
El paso del tiempo y las circunstancias personales han llevado a su creador a tomar una decisión pragmática. La estructura ha sido puesta a la venta en diversos portales de internet por un precio de 30.000 euros, una cifra simbólica si se valora el volumen de material, las toneladas de madera y, sobre todo, las miles de horas de trabajo artesanal invertidas. Por el momento, el monumento continúa huérfano de comprador, esperando que algún mecenas, administración o parque temático se haga cargo de este pedazo de arquitectura singular.
Pero la mente de un constructor nunca descansa. Lejos de dar por concluida su obra, Javier Loureiro guarda un ambicioso objetivo a largo plazo: ampliar su altura hasta los 25 metros, una gran aspiración arquitectónica que todavía no ha podido materializar, pero que demuestra que la ambición de este artesano de Cuntis no conoce límites.
Mientras tanto, la Torre Eiffel gallega sigue en pie en Soutelo, resistiendo al viento y al tiempo, como un monumento testarudo al ingenio humano y al sueño de un hombre que decidió llevarse París al patio de su casa.