Cuando la tragedia se convierte en combustible electoral

Hay momentos en la vida pública en los que la línea roja entre la fiscalización política y la especulación con el dolor humano debería permanecer intocable. Sin embargo, la trágica catástrofe ferroviaria vivida ayer ha puesto de manifiesto que, hay quienes no entienden de límites cuando la estrategia electoral se convierte en el único motor de su acción.

La polvareda mediática nos devuelve a los corifeos de uno y otro signo convertidos de la noche a la mañana en «expertos» ferroviarios, o «buleros» de la miseria. Resulta desleznable ver, leer o escuchar a ese coro de estómagos agradecidos haciendo de portavoces de la mediocridad política, sirviendo a quienes influyen o insuflan fondos públicos en sus medios, a base de medias verdades y relatos torticeros. Su objetivo es buscar rédito y rentabilidad política de los muertos trágicamente en el accidente.

La clase política tampoco se libra del escrutinio de la decencia, sin ser conocedores de lo sucedido, el primer chispazo de los politicos de todo tipo de peleje, fue pedir la dimisión del ministro Puente. Luego está el ejemplo de dirigentes como Santiago Abascal, quien no se dignó a suspender el mitin programado para ayer, pero corrió raudo y veloz a liderar discursos grandilocuentes de defensa patria en Ceuta, sabedor de que este tipo de algaradas le rentabilizan en las urnas de cara a las próximas citas electorales.

Basar el proyecto propio, la subida en las encuestas o la rentabilidad partidista sobre la desgracia ajena revela una profunda miseria moral. Pretender que el éxito político brote del error, del siniestro o del sufrimiento de la ciudadanía vacía la política de cualquier sentido ético, hacer renta de los muertos es de miserables.

La verdadera altura de un liderazgo no se mide en la capacidad de sacar provecho de una catástrofe, sino en la altura de miras para tender la mano, respetar el luto y trabajar codo con codo cuando el país entero llora a sus muertos, luego ya habrá tiempo para entrar en el debate y exigir responsabilidades políticas, Todo lo demás es, sencillamente, miseria moral en los raíles.

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