“Paguita” de 480 euros al mes: La realidad de los tres millones de afiliados extranjeros a la Seguridad Social

La reciente noticia de que la Seguridad Social ha superado por primera vez los tres millones de afiliados extranjeros en España, alcanzando la cifra de 3.070.831 cotizantes en mayo, es un hito económico y social que merece un análisis sereno y despojado de prejuicios. Este récord, que representa un incremento significativo tanto mensual como anual, refleja la creciente integración y el papel fundamental de la población migrante en nuestro mercado laboral.

Sin embargo, como suele ocurrir ante datos de esta magnitud, no tardarán en surgir voces que, movidas por la desinformación o la conveniencia, esgriman el argumento de que «los extranjeros nos quitan el trabajo». Esta afirmación, tan recurrente como simplista, ignora una realidad mucho más compleja y matizada.

Es un hecho que una parte considerable de los puestos de trabajo ocupados por la población migrante, especialmente en sectores como la agricultura (recolectores de hortalizas o verduras, peones agrícolas), la construcción, los servicios de cuidados o la hostelería, son aquellos que, históricamente, han tenido dificultades para ser cubiertos por trabajadores nacionales. Hablamos de empleos que, a menudo, implican condiciones laborales exigentes, estacionalidad o salarios que, para ciertos colectivos, resultan menos atractivos que otras alternativas.

Si preguntamos a muchos de los que critican el trabajo de extranjeros en España, especialmente a aquellos que perciben prestaciones o subsidios, como la paguita de mayores de 52 años (480 euros mensuales, con una base de cotización de 1.726,66 euros al mes) ¿Cuántos de los que cobran la paguita estarían dispuestos a suplir el trabajo de un recolector de hortalizas bajo el sol de verano, o de un peón agrícola en condiciones similares, o un peón de la construcción, o un peón trabajando sobre el asfalto, o arreglando calles en pleno verano? La respuesta, lamentablemente, sería «ninguno» en la gran mayoría de los casos.

Es más cómodo disfrutar del «sol de las terracitas con la cerveza» o del «sol de la playa«, mientras critican al gobierno de turno por una supuesta «invasión» que «roba» trabajos. Pero esta retórica ignora que la mano de obra extranjera a menudo complementa y no compite directamente con la mano de obra nacional en muchos de estos sectores clave, cubriendo vacantes esenciales para el funcionamiento de nuestra economía.

Los datos de la Seguridad Social no solo evidencian la aportación de los migrantes al sistema de pensiones y prestaciones, sino que también desvelan una verdad incómoda para algunos: la disposición a desempeñar ciertos trabajos que resultan menos atractivos para otros segmentos de la población. Lejos de ser «ladrones de empleos», los más de tres millones de afiliados extranjeros son, en gran medida, el motor silencioso que sostiene muchos de los sectores que son vitales para la economía española.

Comparte éste artículo
No hay comentarios