@jsuarez02111977
Hoy no me puedo quedar callada. Hoy escribo estas palabras porque acabas de ser nombrado mejor entrenador de la OK Liga 2025, y no es solo un premio más. Es el eco de muchas historias que compartimos, tú y yo.
Porque yo soy A Coruña. Y tú, Juan Copa, eres parte de mi memoria y de mi orgullo.
Te vi nacer aquí, en mis calles, en agosto de 1970. Te vi crecer sobre mis pistas, primero como jugador, ese chaval que con apenas quince años rechazó al Barcelona para quedarse conmigo, porque sabías que a veces el mayor triunfo es no marcharse. Y cómo me emocionó verte levantar aquella Copa del Rey con el Dominicos siendo casi un niño.
Fuiste capitán de la selección española sub-20. El primer no catalán en llevar ese brazalete. Sí, yo estaba allí, sosteniendo tu aplauso, invisible, pero presente.
Te he visto dirigir al Liceo en momentos de calma y en tempestades. Aquella primera vez como interino, en 2005, cuando evitaste el descenso casi con las manos desnudas. Luego, todos esos años en el filial, construyendo equipos, formando chicos que después brillarían sobre mi parquet. Hasta que, en 2017, te hiciste dueño legítimo de ese banquillo verde.
He sentido tus nervios en finales de Supercopas, las que ganaste en 2018 y 2021. Te he visto morderte el labio en la lucha feroz de la OK Liga, hasta lograr el título en la temporada 2021-22, devolviendo al Liceo a lo más alto. Y aún así, no has dejado de repetir que lo importante es “ganar cada entrenamiento”, porque entendiste que la verdadera batalla se libra cada día, en lo invisible.
Dicen de ti que eres tranquilo. Pero yo sé que por dentro rugen volcanes. Que cada derrota la llevas clavada en el pecho, y que cada victoria la saboreas con humildad. Te he oído confesar que uno de tus días más duros fue perder contra el Oliveirense en el Palacio. Y también te he visto sonreír, como un niño, cuando reconociste que tu mayor orgullo es ver a tu hijo Jacobo seguir tu camino, vestido de verde y blanco.
No entrenas solo hockey. Entrenas el espíritu de los míos. El de esta ciudad que vive con el alma en vilo entre cada chicharra y cada gol. Haces que mis calles vibren, que mis plazas comenten tus partidos, que mis bares lleven tus victorias en las conversaciones de barra.
Bajo tu mando, el Liceo no solo ha ganado títulos. Ha ganado respeto. Ha recuperado el orgullo de ser quien es. Y yo, A Coruña, te lo agradezco.
Me quedo contigo en esos momentos pequeños: en la pizarra donde trazas diagonales como versos. En tu paso silencioso por Riazor. En las veces que recomiendas dónde comer buen pulpo en mi ciudad, porque también en lo sencillo habita la grandeza.
Gracias por recordarme que la victoria es, ante todo, fidelidad.
Gracias por enseñarme que los héroes de verdad no siempre levantan copas, pero siempre dejan huella.
Gracias por seguir, siempre, entrenando corazones, además de jugadores.
Y gracias, sobre todo, por no haberte ido nunca.
Con todo mi salitre y mi viento,
A Coruña