El gatillo fácil de una democracia en llamas: la nueva autocracia de Trump

El derecho a poseer armas y la pulsión por apretar sus gatillos con una celeridad alarmante, es una de las maldiciones que persiguen al alma de los Estados Unidos desde su albor fundacional. Mientras que en cualquier democracia moderna el monopolio de la fuerza pertenece exclusivamente al poder público, en la tierra del Tío Sam esa premisa siempre ha sido, cuanto menos, difusa. Bajo el sacrosanto supuesto de la autodefensa individual, la sobreabundancia de revólveres, rifles y fusiles de asalto entre ciudadanos de toda condición se ha convertido en un destino inevitable, alimentado por la vieja máxima de que «Dios creó a los hombres y Samuel Colt los hizo iguales».

Sin embargo, el actual escenario bajo el mandato de Trump no solo no mitiga este cáncer social, sino que le ha dado una vuelta de tuerca siniestra a la seguridad civil. Lejos de la contención, se ha orquestado una nueva agencia federal que evoca más a una milicia paramilitar que a un cuerpo de seguridad, diseñada específicamente para la persecución de inmigrantes.

Los integrantes de esta facción, cuya formación policial parece tan escasa como su prudencia, operan con una preocupante sensación de impunidad. Se suceden los informes sobre disparos contra civiles desarmados, detenciones arbitrarias de menores, ancianos expulsados de sus hogares en condiciones degradantes e invasiones domiciliarias sin rastro de orden judicial. Es el desmantelamiento en vivo de las normas más elementales del Estado de derecho.

Resulta una ironía histórica que estas atrocidades avergonzarían a los propios Padres Fundadores, quienes en 1776 levantaron la primera democracia moderna, adelantándose incluso a la Revolución Francesa. Hoy, la deriva del trumpismo hacia la autocracia ha dejado de ser una sospecha fundada para convertirse en una realidad palmaria y cotidiana.

Con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte, la única esperanza reside en que las urnas activen los mecanismos de control, o un proceso de impeachment, que ponga fin a la gestión de un personaje que no solo abochorna a sus conciudadanos, sino a cualquier observador decente en el resto del mundo.

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