El milagro del nuevo Mesías español, Alberto Núñez Feijoo: panes, peces y ladrillos

Hay que quitarse el sombrero ante Alberto Núñez Feijóo. Cuando uno piensa que ya lo ha visto y escuchado todo, van y se superan todos los registros conocidos. El último en postularse para el Premio Nobel de Economía, o directamente para el proceso de beatificación, ha sido Alberto Núñez Feijóo. El hombre, viendo que la Seguridad Social está batiendo récords históricos de afiliados y que algo había que inventar para mover el avispero, se ha sacado de la chistera un plan prodigioso: levantar un millón de viviendas bajando los impuestos. Ole ahí.

Esto sí que es ingeniería de la buena, un auténtico milagro que deja en mantillas al Mesías de los panes y los peces. Esa fórmula magistral de gastar más ingresando menos se tendría que estudiar en Oxford, como poco, porque en la pescadería de mi barrio las cuentas no salen así. Cualquier vecino sabe que si en la hucha entran dos duros, no puedes cenar angulas de enero a diciembre. Pero claro, en una rueda de prensa el papel aguanta lo que le echen. Luego, si eso, ya vendrán los recortes cuando llegue al poder con la excusa de que «el sanchismo» y sus líos sociales y de putería dejaron las arcas del Tesoro Nacional que daba pena verlas». El clásico comodín del público para cuando toque meter la tijera. Alberto Núñez Feijóo en el año 2013 anuncio, entre otros muchos anuncios fake, la adjudicación de dos buques floteles (barcos hotel) de la petrolera mexicana Pemex para construirlos en Hijos de J. Barreras (Vigo) y Navantia (Ferrol), que finalmente se quedaron en las portadas de los medios de comunicación a cuatro columnas.

Pero lo que ya es un milagro para ser estudiado en profundidad en el Vaticano, es la venta de Novagalicia saneado con dinero público (9.000 millones de euros), por una fracción de lo que costó rescatarlo, fue, desde luego, la «jugada maestra» de Juan Carlos Escotet y otro de los milagros de Alberto Núñez Feijóo, convertido en uno de los episodios más polémicos del rescate bancario en España.

Al final, uno ya no sabe si es que nos toman por tontos de remate o si es que los políticos, sean de las siglas que sean, juegan en el patio a ver quién mea más lejos. Prometen con la desesperación del que quiere pillar el coche oficial a toda costa y, una vez metidos en el despacho, se aplica el viejo refrán: «si te vi, no me acuerdo».

Frente a este festival de ilusionismo del que no se salva ni un solo partido, a los ciudadanos nos queda una opción muy sana: reírnos por no llorar. Ya que nos van a tomar el pelo de todas formas, que al menos nos pille confesados y con una sonrisa en la boca, viendo cómo intentan hacer magia sin varita. Menos lobos, caperucita, y a ver cuándo nos enseñan las cuentas claras.

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