Después de 22 años al frente de la librería de Neaño, Prudencia Rodríguez Mourelle cierra sus puertas para comenzar una merecida jubilación, dejando tras de sí una vida ligada al trabajo, al mar y a su pueblo.
Hay personas que forman parte de la historia de un lugar. Y hay otras que, con el paso del tiempo, se convierten en parte de su identidad. Prudencia Rodríguez Mourelle, conocida cariñosamente como Pru o la Pruden, pertenece sin duda a esta segunda categoría. Nacida en Neaño hace 67 años, su vida ha estado estrechamente vinculada a su pueblo, a sus vecinos y a una manera de entender el trabajo y las relaciones humanas basada en la cercanía, la solidaridad y el sentido del humor.
Hablar de Prudencia es hablar de Neaño. De sus calles, de sus fiestas, de sus vecinos y de sus historias. Tanto es así que, para muchos, resulta difícil imaginar la vida del pueblo sin su presencia.
Una vida ligada al mar
Mucho antes de ponerse al frente de la librería A Nasa, Prudencia conoció de primera mano el esfuerzo y la dureza del trabajo relacionado con el mar. Durante 25 años vendió pescado de puerta en puerta y trabajó como anguleira, una actividad que con el paso del tiempo prácticamente desapareció, pero que forma parte de la memoria y de la historia de muchas familias de la comarca. Fue un oficio exigente, de madrugones, frío, sacrificio y largas jornadas de trabajo. Un trabajo duro que Prudencia desempeñó con la constancia y la dignidad que siempre han marcado su trayectoria. Su dedicación llegó también a ser reconocida con un premio, como reconocimiento a una actividad que representaba una forma de vida y a toda una generación de mujeres que contribuyeron, con su esfuerzo diario, a mantener viva la tradición.
El amor de una vida
En la historia personal de Prudencia ocupa un lugar fundamental Antonio Barreira, su marido y el amor de toda una vida. Hace ya quince años y medio que Antonio falleció, pero quienes conocen a Prudencia saben que su recuerdo continúa muy presente. Hay ausencias que no borran una historia compartida, sino que la convierten en parte inseparable de la vida de quienes permanecen. Su hijo Antonio Miguel y su nieto Lucas son los pilares fundamentales de su día a día.
Siempre presente en los momentos difíciles
La vida también ha puesto a Prudencia frente a momentos especialmente dolorosos.
Ha tenido que afrontar pérdidas familiares, despedidas y situaciones difíciles. Vivió el ingreso hospitalario de personas muy cercanas, acompañó a familiares y amigos en momentos de dolor y estuvo junto a su madre hasta el último momento. También estuvo presente cuando la vida golpeó a personas de su entorno más cercano.
Y esa es, precisamente, una de las características que más destacan quienes la conocen: Prudencia siempre está.
En los momentos felices, por supuesto.
Pero especialmente en los difíciles.
Sin hacer ruido, sin pedir nada a cambio y con esa capacidad tan suya de acompañar a los demás con una palabra, un abrazo o una sonrisa.
Y, cuando hace falta, también con una de sus ocurrencias, capaces de arrancar una carcajada incluso en los momentos más complicados.
Porque si hay algo que acompaña a su fortaleza es su sentido del humor.
Veintidós años de A Nasa
En el año 2004 comenzó una nueva etapa de su vida con la apertura de la librería A Nasa, en Neaño. Durante 22 años, el establecimiento se convirtió en mucho más que un comercio. A Nasa fue librería, papelería, punto de venta de lotería, lugar de encuentro y, sobre todo, un espacio abierto a los vecinos. Allí se iba a comprar un libro o material escolar, a echar la Primitiva, a preguntar una dirección o, simplemente, a conversar. En A Nasa siempre había tiempo para ponerse al día de las noticias del pueblo. Las buenas, las malas, las confirmadas y también aquellas que todavía estaban a medio camino entre el rumor y la realidad. Con el paso de los años, la librería se convirtió en uno de esos lugares que forman parte de la vida cotidiana de una comunidad. Por eso, el cierre de A Nasa no supone únicamente el final de una actividad comercial. Supone también el cierre de una etapa para Neaño. Durante más de dos décadas, Prudencia estuvo detrás del mostrador, pero también en el centro de muchas conversaciones, encuentros y momentos compartidos.
Una firme defensora del comercio local
Prudencia ha sido durante toda su vida una defensora de su pueblo y del comercio local. Nunca necesitó marcharse lejos para construir una vida plena ni para demostrar su capacidad de trabajo. En Neaño crió a su hijo, trabajó, construyó su familia y desarrolló una vida profundamente vinculada a su comunidad. Durante años recorrió las casas llevando pescado, puerta por puerta, llevando consigo no solo un producto, sino también conversación, cercanía y alegría.
Su vida representa, en muchos sentidos, la de tantas mujeres de los pueblos gallegos que trabajaron de sol a sol y que fueron capaces de sacar adelante a sus familias sin dejar de estar presentes para los demás.
Una nueva etapa
Ahora, con 67 años, ha llegado el momento de cerrar las puertas de A Nasa y comenzar una nueva etapa. Una jubilación merecida después de toda una vida de trabajo. Aunque quienes la conocen saben que Prudencia no es una persona que vaya a quedarse quieta.
Seguirá haciendo pilates, disfrutando de sus momentos de ocio y, probablemente, manteniendo intacta su personalidad, su energía y ese estilo propio que la ha acompañado durante toda su vida.
Porque la jubilación puede poner fin a una jornada laboral, pero no cambia la esencia de una persona. Y Prudencia seguirá siendo la misma: la amiga que siempre está, la vecina que aparece cuando hace falta, la hermana que nunca falla, la madre, la abuela, la confidente y esa persona que siempre tiene la mano tendida para ayudar.
La huella de una mujer de Neaño
Durante décadas ha formado parte de la vida de sus vecinos y ha dejado una huella que va mucho más allá de las paredes de una librería. Porque los comercios pueden cerrar. Las persianas pueden bajar. Los horarios pueden terminar pero la huella de las personas permanece.
Y Prudencia Rodríguez Mourelle ha dejado una huella profunda en todos aquellos que han compartido con ella algún momento de su vida.
Ahora comienza para ella una nueva etapa, sin despertadores, sin horarios y con más tiempo para disfrutar de todo aquello que tantas veces quedó para después.
Después de toda una vida dedicada al trabajo, a la familia y a los demás, ha llegado el momento de vivir un poco más para sí misma.
Cáritas de Cabana organizó una fiesta sorpresa
Pero la jubilación de Prudencia no podía pasar desapercibida para quienes han compartido con ella tantos años de compromiso, solidaridad y ayuda a los demás. Durante mucho tiempo, Prudencia ha estado al lado de sus vecinos, tendiendo una mano, escuchando, acompañando y ayudando siempre que ha sido necesario. Una entrega que no ha pasado inadvertida y que ha dejado una profunda huella entre quienes han tenido la suerte de conocerla y compartir camino con ella.
Por eso, desde la directiva de Cáritas de Cabana quisieron rendirle un pequeño, pero muy emotivo homenaje. Organizaron un encuentro sorpresa en Nantón al que acudieron diferentes miembros de Cáritas, vecinos, amigos y familiares, todos unidos por el cariño y el agradecimiento hacia una mujer que ha dedicado buena parte de su vida a los demás.
Entre abrazos, recuerdos y palabras de afecto, los presentes brindaron por Prudencia y por la nueva etapa que ahora comienza. También quisieron tener con ella un detalle muy especial y, sin duda, muy acertado para la ocasión: una vieja con bastón de Sargadelos. Una pieza que, con ternura y un toque de humor, bien puede representar este nuevo capítulo de su vida, en el que Prudencia deja atrás sus obligaciones laborales para comenzar a disfrutar de un merecido descanso.
Durante el encuentro se destacó todo lo que Prudencia ha hecho por Cáritas y por tantas personas a lo largo de los años. «Prudencia hizo mucho por nosotros y mucho más», señalaron algunos de los presentes, dejando claro que aquella fiesta sorpresa era solamente un pequeño gesto para hacerle saber cuánto valoran su solidaridad, su compromiso y su entrega.
Porque hay personas que pasan por la vida de los demás dejando algo más que recuerdos. Dejan cariño, ayuda, compañía y una huella difícil de borrar. Y Prudencia es, sin duda, una de esas personas. Por eso, ahora que cierra una etapa y se despide de la librería A Nasa, sus vecinos, amigos y compañeros quisieron recordarle que todo lo que ha dado durante tantos años también vuelve a ella en forma de cariño, reconocimiento y gratitud.
Hay personas que no necesitan un monumento para convertirse en parte de la memoria de un pueblo.
Y Prudencia, la Pru, la Pruden, la de toda la vida, es una de ellas.
Feliz jubilación, Pru.