En los pasillos del PP corren más rumores que brisa en el Cabo Vilán, se dice, se cuenta, que Alfonso Rueda ha echado el lazo a José Muíño Domínguez para llevarlo a los altares de la Xunta. ¿Quién heredará el trono de Cabana? Las lenguas viperinas, que nunca descansan, ya señalan a Carlos Allo Cundíns como el delfín designado para las listas de 2027. Todo esto sucede, claro, con el olor a elecciones asomando por la esquina, ese mantra sin orquesta que suena a música celestial en el entorno del actual regidor.
Un western administrativo rodado entre el DOG, los permisos mineros y la Costa da Morte
Si Sergio Leone levantara la cabeza y decidiera rodar una secuela gallega de El bueno, el feo y el malo, no necesitaría desplazarse hasta Almería. Le bastaría con un coche, un mapa de la Costa da Morte y unos cuantos ejemplares del Diario Oficial de Galicia para descubrir que el verdadero Far West europeo no está en los desiertos americanos, ni en el pueblo de Tabernas, en Almería, sino entre Zas, Laxe y Cabana de Bergantiños.
La Xunta reactiva un plan minero de hace 13 años para Laxe, Zas y Cabana de Bergantiños
Porque aquí también hay héroes, secundarios de lujo, cowboys de secano, expedientes que aparecen cuando nadie los espera y una mina que siempre aguarda detrás del siguiente monte, como las tribus indias en las películas de sobremesa. En esta superproducción, el elenco está perfectamente definido.
Al Bueno le llamamos así porque alguien tenía que ocupar el papel y porque transmite esa entrañable sensación de descubrir las novedades al mismo tiempo que el resto del vecindario. En el caso de Zas, el papel se interpreta con esa prudencia institucional que consiste en actuar como notario de lo que viene de arriba, sin levantar más polvareda de la estrictamente necesaria.
El Feo, por su parte, se encarga de interpretar en Laxe el papel de espectador de una trama que parece desarrollarse sin necesidad de su intervención; como quien contempla pasar una procesión desde el balcón sin saber muy bien quién lleva el santo ni hacia dónde se dirige.
Corcoesto (Cabana de Bergantiños): O ouro dos tontos
Pero el auténtico protagonista de esta historia, nuestro particular John Wayne de saldo, es el Malo.
Mientras otros alcaldes dedican sus energías a cosas tan mundanas y aburridas como arreglar carreteras, garantizar el abastecimiento de agua o discutir sobre aparcamientos, José Muíño Domínguez, el incombustible alcalde de Cabana, prefiere jugar a los buscadores de oro. Lleva décadas manteniendo una relación de fidelidad casi sentimental, casi mística, con el subsuelo. Una obsesión tan persistente y anacrónica que ya forma parte del paisaje político de la comarca del mismo modo que los hórreos, los cruceiros o los temporales de invierno, pase lo que pase, él sigue ahí, con el sombrero puesto y el pico en la mano.
Los más veteranos recordarán que esta no es la primera vez que nuestro cowboy de secano se disfraza de buscador de fortuna. Ya en tiempos de la mina canadiense de Corcoesto lideraba aquella coreografía de entusiasmo colectivo en la que prometía una prosperidad digna de Dubá. La agra de Maceira iba a ser un helipuerto internacional y los ejecutivos de Vancouver iban a aterrizar en Nantón con maletas Samsonite rebosando dólares americanos para salvar la comarca. Al final, resultó que los únicos con capacidad real de implantación territorial fueron los tojos, dejando las fantasías financieras del alcalde a la altura de una función escolar de indios y vaqueros.
Pero los grandes mitos del western de serie B nunca desaparecen definitivamente. Simplemente se quedan dormidos esperando la siguiente entrega.
Y así llegamos a «Jorge Reyes» (Nº 7119). No se trata aún de una mina ni de una concesión de explotación, sino de un permiso de investigación que la Xunta de Galicia acaba de conceder a la empresa Cavisa para buscar caolín, mica y minerales asociados. Con esta resolución, la Consellería de Industria recupera un expediente que nació en el concurso minero de 2011, que fue redactado en 2013, expuesto en 2018 y finalmente autorizado en este 2026. Quince años galopando por los desiertos de la burocracia.
Una eternidad en la que ha cambiado el mundo, hemos superado una pandemia y han mutado las leyes ambientales. Pero mientras el expediente avanzaba a paso de tortuga por los pasillos de San Caetano, allí seguía el alcalde de Cabana, inmóvil, oteando el horizonte con la mirada perdida de quien lleva décadas convencido de que la solución a los problemas de hoy se encuentra enterrada bajo tierra. Poco le importa que el proyecto ya no sea de oro reluciente ni use cianuro, y que ahora la maravilla prometida sea simplemente caolín a cielo abierto para hacer azulejos, dejando cráteres de recuerdo en el paisaje. Para nuestro John Wayne particular, si hay palas y excavación, ya hay fiesta.
Apagón informativo
Sin embargo, más allá del ridículo empeño del sheriff de Cabana por convertir la comarca en un episodio de dibujos animados, al final de la jornada los tres alcaldes confluyen en la misma y absoluta inutilidad política. Ni el bueno con su prudencia de avestruz, ni el feo con su indolencia de estatua, ni el malo con su fetiche por agujerear el monte han sido capaces de mover un solo dedo para informar a la ciudadanía afectada sobre lo que se les viene encima. Un apagón informativo monumental que delata a tres gestores más ocupados en no buscar problemas con la Xunta o en salir guapos en la foto, que en defender el derecho de sus vecinos a saber qué se está tramitando bajo sus propias casas.
Con nuestro cowboy listo para calzarse las espuelas y cabalgar hacia la siguiente cuadrícula administrativa, al vecindario, con la memoria alerta y sin ganas de comulgar con ruedas de molino ni con promesas de helicópteros, solo le queda el papel de siempre, ponerse en pie para parar el golpe desde la calle y descubrir si asiste a un estreno, a una secuela o, simplemente, a la enésima reposición de una vieja película que lleva demasiados años proyectándose en la misma pantalla.