Del escaño al chiringuito: la clase política se va de vacaciones tras un año de barro

Llegó agosto y subió la temperatura en Ceuta y, tras despachar devoluciones exprés a Marruecos y sacudirse de encima cualquier resquicio de gestión real, la clase política se dispone al bien merecido descanso. Ha sido un año duro, agotador, de presionar con celo casi místico el botón verde o el botón rojo según ordene la cúpula, una gimnasia digital que deja a Sus Señorías exhaustas y listas para el merecido reposo. Desconectarán casi todos, claro; salvo esa guardia de corps encargada de mantener viva la flama de la gresca diaria para que el respetable no olvide que aquí la política se juega a bocados de patio de colegio.

En el ring veraniego no faltarán los sospechosos habituales. Por el flanco gubernamental, Pedro Sánchez se atrinchera junto a su fiel guardia de corps, defendiendo el fuerte como verdaderos numantinos ante cada embestida. Mención aparte merece el propio presidente, un auténtico fenómeno en la tribuna, indiscutiblemente el mejor orador del Hemiciclo, capaz de colocarte la frase más original y pulida mientras te sonríe con aplomo de hierro. Y cuando le toca salir a escena a Patxi López para escoltar el relato, el portavoz no se queda atrás en la trifulca, saltando al barro a tumba abierta y devolviendo cada golpe sin un solo milímetro de contención.

Frente a ellos, en la oposición, el peso de la brega sigue bien repartido. Ahí está Miguel Tellado, desempeñando con fe ciega ese trabajo de zapa, gris y metódico, al más puro estilo de turrón gallego: duro, denso y listo para empalagarte la sobremesa. O Cayetana Álvarez de Toledo, que con el verbo incisivo y esa elegancia quirúrgica que tanto descoloca a Félix Bolaños, ejerce de látigo del Partido Popular escoltada por la combativa artillería de Cuca Gamarra y Ester Muñoz.

Al otro lado del charco ideológico nos queda Santiago Abascal, merecedor de una medalla a la combatividad sin alternativa. El líder de la patria estruendosa, que no pierde ocasión de menospreciar a la tercera edad ignorando que el auténtico motor del país y el chollo de las farmacéuticas descansa en las espaldas, y en las receta, de los mayores. Ahora que vuelve a resonar el tambor de la mili obligatoria, convendría recordar que la deuda de Abascal con la patria no se salda en la tribuna, tres mesecitos de instrucción le sentarían de maravilla para predicar con el ejemplo.

Tampoco se queda atrás Gabriel Rufián, la ironía hecha persona, repartiendo estopa a diestro y siniestro desde la comodidad de quien se sabe el más listo del hemiciclo. Presume el portavoz de ERC de encabezar la única formación de la Cámara a la que no le han pillado un pufo de corrupción, una cucarda que luce con orgullo mientras reparte lecciones de moralina con la sonrisita puesta.

Descansen, Señorías, descansen. Disfruten de sus apacibles vacaciones mientras el ciudadano de a pie intenta adivinar cómo pagará la próxima factura. El nuevo curso político promete ser de órdago, y las terminales mediáticas engordadas con dinero público ya calientan la garganta al ritmo de bulerías. Porque en este teatro, quienes alardean de la verdad absoluta suelen medir la razón por el peso de las monedas en la faldriquera.

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