Escritor y Cronista gastronómico
Vigo nació en el Berbés y se le llama la ciudad olívica porque en el atrio de una iglesia un olivo le daba gracia y verdor a los parroquianos, eso es histórico.
La cultura castreña, que abarca toda la Edad de Hierro, se desenvuelve en Galicia desde el siglo VIII a.JC. hasta el fin del I d.JC., ya en plena época romana. Esta cultura dejó en Vigo importantes huellas, como la existencia de 26 castros catalogados. Este dato lleva a pensar que en esta época Vigo tuvo una de las mayores densidades de población de toda Galicia. El mayor de estos poblados era el situado al principio del monte del Castro. Sus habitantes vivían de la agricultura, actividad que complementaban con la CAZA, el marisqueo y la pesca. Eran una población hábil en la forja del hierro y el tallado de la piedra. De eso han evolucionado hasta ser una potencia naval, pesquera y conservera, pero sobre todo automovilística. La mayor empresa de Galicia no es Inditex, como la gente cree, es la factoría de fabricación de coches sita en Vigo.
Por cuestiones cinematográficas 21NOTICIAS ha visitado el Mercado de La Piedra.

La Calle de las Ostras, en Vigo, es uno de los lugares más emblemáticos de Galicia, una región conocida por su rica cultura y tradiciones ancestrales. Esta calle estrecha y pintoresca, ubicada en el corazón del casco histórico de Vigo, es famosa por la venta de ostras frescas que se remonta a más de un siglo. La tradición de la venta de ostras en la Calle de las Ostras, que realmente se llama Calle Pescadería, se ha convertido en una de las atracciones turísticas más populares de Vigo, atrae a visitantes de todo el mundo que buscan experimentar la auténtica cultura y gastronomía gallega. En esta crónica gastronómica, exquisito lector que me sigues mis escritos, exploramos la fascinante historia detrás de la Calle de las Ostras y descubrimos por qué esta tradición sigue siendo tan importante para los habitantes de Vigo.
En la ciudad de Vigo, en la provincia de Pontevedra, en Galicia, España, existe una tradición culinaria que se remonta a hace varios siglos: la degustación de ostras frescas en la famosa Calle de las Ostras. Esta calle, que se encuentra en el corazón del casco antiguo de Vigo, conecta la Plaza de la Constitución con el puerto pesquero de la ciudad.



La Calle de las Ostras es una pequeña calle peatonal que se ha convertido en un lugar de peregrinación para los amantes de las ostras y los mariscos en general. A lo largo de la calle, se pueden encontrar varios puestos de venta de ostras frescas, que son cultivadas en las Rías Bajas, una de las zonas más importantes para la producción de marisco en España.
Habitualmente, cada mañana, vienen cientos de kilos de ostras desde Arcade. Pero no creáis que son aquellas ostras de Arcade famosas por su sabor, terneza y gran vianda dentro de aquella maravillosa concha bivalva de colores nacarado, no, es una ostra francesa que se trae de allá, se siembra en Arcade y se vende como gallega, pero originariamente es francesa; la ostra de Arcade ha pasado a la historia, ya no existe, es como el urogallo replantado en los Ancares lucenses, que puede ser un urogallo rumano, o de Letonia, que se incorpora al monte gallego, pero ya no es el urogallo gallego originario; pues lo mismo pasa con las ostras.
La degustación de ostras en la Calle de las Ostras es una tradición que se ha mantenido durante generaciones. Los lugareños y turistas por igual se reúnen en esta calle para disfrutar de uno de los productos más emblemáticos de la gastronomía gallega. Las ostras se sirven frescas, abiertas al momento y acompañadas de vino blanco o cerveza.
El precio de las ostras es variable, dependiendo de la temporada y de la oferta y la demanda, ahora está su viandas en el mejor momento, que es diciembre, enero y febrero, donde esta ostra salvaje alcanza el zénit de máxima calidad. Los precios oscilan entre 17€ la docena de la pequeña/mediana hasta los 25€ de la grande. Nosotros nos inclinamos por darnos el capricho con 24 ostras del tamaño grande.
En El Corte Inglés de Vigo o Coruña se venden a 5€ la unidad, que se puede degustar allí mismo, en el Salón del Gourmet.
En la temporada baja, que va de mayo a agosto, el precio puede ser algo más bajo, llegando a los 3 euros la unidad.
Además de las ostras, en la Calle de las Ostras también se pueden encontrar otros productos del mar, como mejillones, navajas, percebes, vieiras, zamburiñas, bueyes de mar, centollas, nécoras, pulpos y camarones.
Observado en las fotos estas exquisite es, lectores. Estos productos también son cultivados en las Rías Baixas y son muy apreciados por los amantes de la gastronomía gallega.
La Calle de las Ostras es un lugar muy concurrido, especialmente durante los fines de semana y en los días festivos. A pesar de esto, el ambiente es muy relajado y amigable. Los vendedores de ostras son muy amables y están siempre dispuestos a explicar los diferentes tipos de ostras y aconsejar sobre las combinaciones con vinos más adecuadas.




La degustación de ostras frescas en esta calle es una experiencia que no se puede perder si se visita la ciudad de Vigo. También dentro de los restaurantes, como fue nuestro caso, escogiendo para ello el Restaurante La Marina.
Nosotros pasábamos por allí, cuando el ostrero señor Hermo nos indica que tiene las mejores ostras de la calle; entonces, nos abrió un par de ellas y comprobamos que era verdad y le encargamos una primera docena para consumirla dentro del restaurante La Marina, añadimos además, dentro, a las 12 ostras unas vieiras deliciosas, más unos sabrosos mejillones y una tortilla con cebolla estilo de la casa, con un vino Casal de Armán, que compagina muy bien con la mariscada.![]()
Al señor Hermo le conté la anécdota de nuestro Premio Nobel don Camilo José Cela y Trulock cuando comiendo en Padrón, en el Restaurante chef Rivera, llamó gritando al camarero, al que le dijo que las ostras que le habían servido estaban mal; el pobre camarero se fue directamente al jefe Rivera y le dijo que don Camilo estaba en el comedor gritando y toda la gente que llenaba el local estaba pendiente de ese asunto, a lo que el chef Rivera se personó delante de don Camilo, sabiendo que la reclamación era por las ostras, con una redecilla del parque ostrero que le había suministrado las ostras a primera hora de la mañana:
-Don Camilo, ¿qué pasa con las ostras que están mal?
-Rivera ¡que están mal!
A lo que le contestó el chef Rivera: mire usted la redecilla, las acaban de traer frescas por la mañana, es imposible que estén mal…
A lo que don Camilo le replicó: ¡están mal cojones, yo te pedí dos docenas de ostras y están mal, porque me has servido veintitrés! Cuando le conté esta anécdota al buen ostrero Hermo se rió mucho y tras la primera docena que encargamos volvimos a encargar otra docena y cuál fue nuestra sorpresa que este amable ostrero en lugar de traer 12 nos trajo 13, una de regalo con las consiguientes risas por el detalle.
Os recomiendo, lectores, dejar el coche en el parking del centro comercial donde está ubicado el Metropolitan de Vigo, o sea el centro deportivo hermano de La Solana de La Coruña en Vigo, sólo tenéis que subir a la planta alta y atravesar una pasarela de 25 metros y ya estáis en la Calle de las Ostras disfrutando de este marisco que, para los que no estamos retirados de estos menesteres tan agradables dicen que son afrodisíacas, me refiero a la ostra brava.
El señor Hermo desbulla las ostras sin dejar ni una arenilla ni partir el labio circundante de este manjar bivalvo. Desbullar, amigo docto lector, es el verbo que define el arte de abrir las ostras como un profesional, sin romperlas ni llenarlas de arenillas de la concha.
La Ostrería atribuye el poder afrodisiaco de las ostras a su alto contenido en zinc, que favorece la liberación de hormonas sexuales. “Su aporte de zinc extra es muy beneficioso para la salud sexual”, aseguran.
«Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas… Las perlas son el producto del dolor… resultado de la entrada de una sustancia extraña en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena. En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar. Cuando penetra en la ostra un grano de arena, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, se va formando una hermosa perla. Una ostra que no fue herida de algún modo no puede producir perlas, porque la perla es una herida cicatrizada…». No podemos negar que la anécdota es bellísima y el mensaje impactante. Vuélvelo a leer para entender mejor esta analogía con la mismísima vida, lector, lectora, y disfruta todo lo leído.


¡Salud, gastronomía, libertad y buen disfrute de todo lo que hay!