Mercado das Nubes. Mercado de San Agustín. Por Carlos Ramón Brea Eiroa

Escritor y cronista gastronómico

Saben mis estimados lectores que todas mis crónicas gastronómicas, viajeras, mundanas vienen debidamente expuestas en el diario digital 21NOTICIAS y sus plataformas internacionales, crónicas que explican la vida, obra, actividad, desarrollo y evolución de nuestra entrañable ciudad de Marineda… y en el apartado específico del diario digital en «gastronomía» están reflejadas todas mis crónicas, que pueden consultar en cualquier momento entrando en la página web de 21noticias.com.
Climatológicamente hablando, el día no pudo haber sido más desastroso para el desarrollo del evento, que se salva por estar representados los sesenta y cinco puestos de venta en el interior de ese magnífico Palacio de Abastos, creado hace ya cincuenta años por la Comisaría de Abastecimientos y Transportes de La Coruña, dependiente del Ministerio de Trabajo e Industria y Alimentación -la CAT-, y de la Organización SINDICAL franquista, que fue la promotora de este bello edificio que hoy alberga el Mercado das Nubes.

21noticias intenta mostrar lo más representativo de la artesanía, confección, joyería, bisutería, productos típicos, artesanales, quesos, aceite, mieles, chorizos, lacones, capones, jamón, velas aromáticas… así hasta 65 puestos, en donde los que concitan más atención suelen ser los de gastronomía, que en el caso de hoy era el «Bar de tapas, restaurante Culuca», de Chisco Jiménez de Llano, el protagonista indiscutible con sus famosos callos del Culuca Cociña-bar.
Había un ambiente extraordinario cuando con puntualidad suiza abrió Chisco a las 13 horas en punto la degustación de uno de sus platos estrella: callos a la gallega del Culuca.
Culuca viene dado de nombre comercial porque así se llamaba la abuela de este empresario de los fogones
Con un precio de 4 € la cunca de callos, degustamos uno de los platos más contundentes de la cocina gallega, en donde la vianda principal es lo que en Madrid llaman «toalla», en Castilla «casquería» y en Galicia «librillo», que no es otra cosa que el intestino.
Como Chisco y media Coruña cató los primeros callos en el mítico Gasógeno, se inspiró en la textura con que los cocinaba en el primer local de la madre de Ángel Aba, sito en Juan Flórez al lado de El Pote desde 1942, hasta los años 70 que se cambió para Marcial de Adalid donde estuvo 32 años cerrando por jubilación el hermano cocinero del otro Aba de la perfumería Garrote de Fonseca.
De todos nosotros era bien conocido desde niños el Gasógeno de al lado de El Pote, porque en el caso del que escribe esta crónica se daba la circunstancia de que teníamos el local del Imperador club de fútbol en la calle Médico Rodríguez y a la vuelta de los entrenamientos y los partidos de fútbol en los campos de La Granja mítica de Monelos, o en cualquier otro campo de fútbol coruñés, siempre recalábamos aquí a tomar la famosa «tapa de callos de Ángel», que tenía la característica que tienen ahora los callos del Culuca, esto es, garbanzos enteros bien cocidos, salsa espesa pegajosa, materia contundente de librillo, echando en falta más pata gelatinosa, rodajas de chorizo y el toque de Chisco, con un gusto final picantillo agradable, un paladar de fondo saciado y una sensación organoléptica de haber tomado ración cuando realmente la cunca fue una tapa. Recomendable para los callos del Culuca una taza de porcelana teñida con el carmín de un Barrantes, pero en este caso lo de gustamos con cerveza local, también participante del Mercado. Le doy una nota de excelente a esa pota inigualable del Culuca, que agotó existencias.
En las fotos apreciaría, estimados lectores, parte de los 65 puestos del evento, en marcados por este fenomenal edificio del mercado de San Agustín, de la citada Comisaría de Abastecimientos y Transportes, ABASTOS, obra creada por REY y Tenreiro.
Entre estos puestos reseño la maravillosa colección de pinturas y dibujos de Jorge Blanco Cortés que pinta con su estilo particular y virtuoso todos los bellos edificios de Marineda, sobre todo los más artísticos y emblemáticos como este propio bello mercado.
Efectivamente, el mercado de San Agustín, con su espectacular cubierta parabólica, se convirtió en todo un símbolo de la modernidad de La Coruña en los años treinta. Es uno de los edificios más audaces, emblemáticos y coherentes con su destino de la primera mitad del siglo XX.
El mercado de San Agustín es obra de dos arquitectos fundamentales para la conformación de la ciudad herculina del siglo XX, Santiago Rey Pedreira y Antonio Tenreiro, ambos arquitectos municipales cuando firmaron el proyecto del nuevo mercado en el año 1932.
Los estudios apuntan a que los arquitectos municipales se inspiraron en el mercado público de la ciudad francesa de Reims para crear esta estructura con cubierta parabólica, todo un reto para la Galicia de los años treinta. En Leipzig, Alemania, existe un mercado de similares características.
La singular cubierta parabólica del mercado está formada por una lámina de hormigón de 15 centímetros de grosor en la que se incrustan bandas de vidrio.
Después de esta primera obra fue reconstruido, ampliado y modernizado por ABASTOS en los años 50 ya con la misma forma actual.

Para finalizar la ingesta, no fuimos al Bar Pontejos a por su famosa tortilla estilo Betanzos que comimos en su privilegiada terraza, con Godello y cerveza, haciendo la historia del famoso Marqués de Pontejos que da nombre a la calle, un niño coruñés que adquirió fama de buen político y militar y se casó con una viuda noble veinte años ella mayor que él y de la que heredó el marquesado.
«Callos y caracoles, no es comida de señores»
Sentido literal:
Este refrán quiere decir que estos alimentos no deben ser comidas para personas que se consideran a sí mismas elegantes , ya que manchan y salpican mucho.
Pero lo visto en el Mercado de las Nubes eran casi todas mujeres bellas y elegantes y señores bien atildados, o sea, que los callos han sido elevados por Chisco Jiménez a la clase de «paladar fino y delicioso».

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