El país de los pringaos: 66 años, 8 meses y ni una p… huelga

@jsuarez02111977

El miércoles sube la edad de jubilación a 66 años y 8 meses. Así, sin anestesia, como quien te dice que mañana lloverá. Un titular más en el informativo, entre el reportaje de la última chorrada viral y el parte meteorológico. Es curioso, porque uno esperaría que semejante atropello despertase algo más que bostezos, pero no. Este país, experto en tragar sapos y olvidar agravios, asiste impasible al enésimo saqueo, a su dignidad.

66 años y 8 meses, señores. A este paso, la jubilación será un mito. Algo que contarles a tus nietos, si es que aún tienes fuerzas para tenerlos. La reforma laboral, la precarización de los contratos, el paro crónico, todo eso es secundario. Lo importante es que sigas pagando, cotizando, soportando. Que llegues al último tramo de tu vida convertido en una carcasa vacía, exprimida hasta el hueso. Y que encima des las gracias por el “privilegio”.

Pero lo que más indigna no es el saqueo en sí, sino la reacción. ¿Cuándo fue la última huelga general? ¿Lo recuerdas? Claro que no. Porque vivimos en un país de cómodos, de resignados, de gente que protesta mucho en Twitter y hace poco en las calles. “Es lo que hay”, decimos, encogiendo los hombros. “No se puede hacer nada”. Y ahí está el truco: nos han convencido de que pelear es inútil, de que el sistema es inamovible, de que estamos solos. Nos han desarmado. Nos han ganado.

Mientras tanto, los de arriba se descojonan. Ellos, que viven del cuento, que manejan sus jubilaciones doradas con la tranquilidad de quien nunca ha sentido el sudor en la frente, saben que no les vamos a molestar. Que seguiremos tragando, callando, consumiendo. Porque eso es lo que hacemos. Porque eso es lo que somos.

Así que, si tienes suerte, llegarás a los 66 años y 8 meses. Pero no te hagas ilusiones. Para entonces, quizá la edad legal ya sea 70. O 75. O directamente se hayan cargado las pensiones. Y cuando ocurra, seguro que te acordarás de este texto. O quizá no, porque estarás demasiado cansado como para recordar nada.

Hasta entonces, sigue callando. Sigue tragando. Sigue siendo el ciudadano modelo. Total, ¿para qué molestar?

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