Sánchez, el Barça y la prostitución del Estado de Derecho. Por David Otos

No hay sorpresa, solo asco. La decisión del Consejo Superior de Deportes (CSD) de conceder la cautelar para que Dani Olmo pueda jugar no es más que otra genuflexión humillante de este país ante los caprichos de Cataluña y su juguete favorito, el FC Barcelona. ¿Quién se cree que esto es una decisión técnica? Esto lo ha firmado Moncloa, con Pedro Sánchez agachando la cabeza mientras Puigdemont le aprieta la correa.

Que no nos tomen por idiotas. Este circo no tiene que ver con fútbol, ni con Dani Olmo, ni con el supuesto espectáculo. Esto tiene que ver con un gobierno de rodillas, temblando de miedo porque los partidos independentistas que le sostienen en el poder podrían tirarle abajo con un chasquido de dedos. Y para que no lo hagan, Sánchez les regala todo, hasta las llaves de la dignidad institucional.

Porque lo que ha pasado aquí es evidente. Puigdemont, desde su refugio dorado, tira de la cadena, y Sánchez salta al teléfono. Llama al CSD y les ordena que hagan lo que haga falta para que el Barça no pierda ni un ápice de privilegio. La excusa es Dani Olmo, pero el objetivo es el mismo de siempre: pagar peajes a cambio de que el amo catalán no le eche del trono.

El Barça, el club más mimado de la historia, vuelve a hacer lo que mejor sabe: usar los despachos como su campo de juego. En cualquier país serio, este equipo estaría lidiando con los escándalos de sobornos arbitrales y corruptelas. Aquí, no solo se les perdona, sino que se les premia. ¿Por qué? Porque Sánchez necesita a Cataluña contenta. Porque sin los votos de Junts, ERC y compañía, su sueño de mantenerse en el poder se evapora.

Y mientras tanto, los que deberían defender la ley se esconden como ratas. El CSD, convertido en un burdel institucional, vende su independencia al mejor postor. ¿Qué importa la justicia deportiva, la igualdad o el respeto por las normas? Lo único que cuenta es mantener contento al Barça y, por extensión, a los amos de Moncloa.

Dani Olmo jugará, claro. Pero aquí el resultado ya está decidido: pierden el deporte, el Estado de Derecho y cualquier resquicio de respeto por las instituciones. Gana Sánchez, aunque a costa de vender lo que quedaba de dignidad nacional.

Esto no es política ni deporte, es prostitución. Y el proxeneta no es otro que Pedro Sánchez, obedeciendo órdenes desde Waterloo.

Foto. @JokerLaporta

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