Castañas asadas. Fin de temporada. Por Carlos Brea

Escritor y cronista gastronómico

Compramos y comimos el último cartucho tradicional de castañas asadas de 2025, porque finaliza la temporada de su consumo, después de haber sido cosechadas a finales del pasado año 2024.
El delicioso olor y sabor de las castañas proviene, a mi parecer, de la combinación de su corteza dura y suave, con la fuerza del fuego atemperado dentro de un asador, con la maestría que tienen los que se dedican al asado de castañas tradicional.
Gentes de todos los tipos, jóvenes y mayores, niños y ancianos, gustan de saborear este sencillo y ancestral producto que nace de esos maravillosos árboles de hoja caduca… y es fruto que en la boca de un cultivador asevera que es «madera blanda dentro de un caparazón brillante en forma de corazón». Me lo creo.
Ahora es consumir un capricho asado, tal vez porque ya nadie piensa que las castañas fueron hasta hace muy poco un plato único en muchas casas humildes en Europa. La verdad es que las castañas eran la manutención básica hasta que Cristóbal Colón descubrió América y de allí trajeron las patatas, que sustituyeron en la cocina española a la típica y antiquísima castaña, que tanto daba, dió y da de comer tanto a humanos, como animales salvajes y domésticos… era el caldo de castaña el padre del caldo de patatas.

Las castañas asadas es una preparación simple de los meses de Otoño que consiste en castañas (Castanea) expuestas a un foco calorífico con la intención de ser preparadas mediante asado. En algunas ciudades, durante el periodo invernal, se preparan asadores portátiles con la intención de vender las castañas asadas en puestos callejeros, como en el que compramos nosotros.
Para hacerlo más simpático, si cabe, este horno se fabrica con la forma de una locomotora de tren, porque tal cual parece al llevar dentro el fuego y expedir por la chimenea el humo y aromas «a aldea» que esta cocción produce. En este caso las castañas se venden en cucuruchos de papel (generalmente de hojas de periódico) en nuestro caso es papel alimentario.
Es tradición en la península ibérica la tradición del Magosto (asado de castañas). En Cataluña lo tradicional no es asar castañas sino que prefieren asar boniatos, que también tienen la misma textura y dulzor.
Recuerdo un día que fui al pueblo de Cervantes a historiar un castillo de la zona, y pasé con el coche por encima de un auténtico mar de castañas que estaban tiradas en la carretera… me dio mucha pena aplastarlas, pero quedé con la conciencia tranquila sabiendo que es una delicia para los animales del bosque que por aquella zona de la alta montaña lucense habitan y se benefician de los castaños centenarios que dan castañas como puños de grandes.
Las castañas de tamaño más grandes se seleccionan para hacer un pseudoproducto llamado «marrón glasé» y dependiendo del calibre en disminución se van empleando para otras cuestiones culinarias como mermeladas, tartas, pasteles… que ya saben más a azúcar que a la castaña pura.
Solo me queda escribir la despedida que cabe aquí que no es otra que hasta el año que viene castañas asadas en la locomotora de tren que aromatiza y engalana muchas de las calles de Europa…
-Las mejores castañas de esta temporada que hoy acaba fueron las extreme ñas, en especial las de Cáceres-, nos comenta el castañero, que al mismo tiempo nos dice que «como son las últimas, les voy a hacer un paquete especial y en el cucurucho van más, porque las quiero acabar hoy pronto y me despido hasta el año que viene…»

«Agua de agosto, ni buen vino ni buen magosto.

Agosto mojado, castañas a cestados.

Agosto moyau, castañes cestau. (bable)

Bellotas y castañas hacen malas hilancias.

Cada cosa a su tiempo y las castañas en Adviento.

Castañas, nueces y vino son delicias por San Martino.

Castañas, nueces y vino, son la alegría…

Castaña la primera y cuca la postrera.

Calor en julio, castañas seguro.

Con castañas y vino nuevo, ya no muere el pueblo.

Castañas en Navidad saben bien y pártense mal.»

Comparte éste artículo
No hay comentarios