A Coruña, capital europea del combate espontáneo

Algo está cambiando en A Coruña. Lo noto en el aire. Huele a testosterona sin reciclar y a desodorante de saldo. A la ciudad le ha dado por la UFC, pero sin jaula, sin reglas y, sobre todo, sin entradas. Aquí los combates son gratis, en horario de tarde y con localizaciones variopintas, como si Netflix se hubiese vuelto loco y produjera una serie llamada Hostias na Rúa .

La última entrega: calle Gregorio Hernández. Dos conductores, probablemente diplomados en resolución de conflictos por la universidad de la vida, deciden que lo más lógico para arreglar un malentendido de tráfico es liarse a piñas delante del Espazo Amizar. Ironías del urbanismo: pelearse delante de un sitio que promueve la paz es como cagarse en misa. Pero oye, que en A Coruña ya ni la metáfora se respeta.

Y lo mejor no fue la pelea. Lo mejor fue la coreografía. Porque aquí nadie se pega solo: hay cuñados, primos, parejas y hasta algún espontáneo que pasaba por ahí y dijo “pues ya que estamos…”. Un ballet de violencia en zapatillas, a ritmo de cláxones, con banda sonora de “mira, mira cómo le da”.

Pero no queda ahí. Hace unos días tuvimos otro episodio glorioso en la fuente de Cuatro Caminos, ese monumento a la circulación y la confusión que ahora sirve también de octágono para combates improvisados. En vez de monedas, se lanzan amenazas. En lugar de deseos, caen móviles al suelo. Lo nunca visto: una fuente con programación propia. Lunes, pelea. Martes, bofetada. Miércoles, telenovela en vivo.

No culpo a nadie, faltaría más. La policía tiene lo suyo, el ayuntamiento también. Lo que pasa es que aquí la gente ha decidido que el ring es suyo, y lo ejercen con la autoridad del que se cree gladiador de supermercado. No es que la violencia haya aumentado. Es que ahora sale de casa en chándal, con ganas de cardio y una flexibilidad moral envidiable.

A Coruña se nos está poniendo exótica. Entre el viento de Riazor, las mareas vivas y los sopapos espontáneos, esto ya parece una ciudad diseñada por Tarantino y rodada por Callejeros. Y cuidado con cruzar mal una mirada, que en esta urbe de cristal cada escaparate puede convertirse en espejo de tus traumas.

Propongo algo constructivo: ya que estamos, organizamos una liga. “Liga Galega de Leches Urbanas”. Uniformes por barrios, cinturón para el más agresivo pasivo y medallas a quien mejor grite “¿tú a mí qué me estás contando?” sin vocalizar.

Y para los turistas, una guía: “100 hostias que ver en A Coruña”. Incluye mapas, horarios aproximados y una bolsita de hielo de regalo.

Nosotros, mientras, a seguir mirando por la ventana, como quien ve llover. Total, otro suceso extraño en la vía pública ya no es noticia. Es martes.

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