A ti, José Mañana. Por Jesús Suárez

@jsuarez02111977

No sé si alguien te lo dijo en vida, José. Me temo que no. En este país somos muy dados a los homenajes póstumos, a las flores marchitas y a las palabras grandes cuando ya no sirven de nada. Hoy te llaman «pionero del fútbol femenino» y «alma del Karbo». Y está bien, es verdad. Pero también suena a epitafio oficial, de esos que maquillan las cicatrices y los años de pelear contra un mundo que no estaba hecho para ti ni para las tuyas.

Te fuiste, José. Y con tu marcha, A Coruña se queda sin uno de esos hombres que hicieron historia sin pedir permiso. La ciudad despide hoy a un tipo que, cuando el fútbol femenino era poco menos que un sacrilegio, decidió que las mujeres también tenían derecho a jugar, a competir, a ganar. Junto a Carmen Borrego, aquella mujer valiente que se nos fue hace apenas dos meses, levantasteis un proyecto que nació en las paredes humildes de un colegio. Un equipo femenino. Dilo así, sin adornos, sin épicas baratas. Un equipo femenino. En los años en que decirlo en alto ya era un acto de rebeldía.

Recuerdo tus palabras en aquel reportaje de El Día Después : «prepare la idea de formar un equipo femenino. Las dificultades estaban casi siempre en las familias. Los padres no veían bien que jugaran al fútbol, porque pensaban que no era para ellas». Qué claridad la tuya. Qué sencillo parecía, qué complicado fue. Porque no solo luchaste contra el barro de los campos, ni contra las porterías de mala muerte, ni contra la escasez de balones. Luchaste contra los prejuicios. Contra esa mirada torcida del vecino, ese murmullo de las gradas, ese «eso no es para mujeres» que pesaba más que cualquier defensa rival.

Me acuerdo perfectamente cuando hablé con el redactor Víctor Gil, de El Día Después , para contarle la historia de un equipo de Coruña que había ganado aquí la primera Copa de la Reina. Cuando le expliqué toda la historia de lo que se había forjado en ese colegio, cuando hablé con Víctor, me dijo: «Jesús, esa historia la tenemos que contar». Y El Día Después vino a contarla, para ponerle caras y voz a todos los protagonistas de aquella época. Y tú eras el director. Tú eras el que estaba al frente de aquella pequeña revolución, el que había puesto el pecho, la cabeza y el alma para que todo eso fuera posible.

Pero tú, José, seguiste. Y ellas siguieron contigo. Con talento, con coraje, con títulos. Levantasteis copas mientras el mundo miraba para otro lado. Construisteis un equipo que no solo ganaba partidos: ganaba respeto. Cada gol era un puñetazo en la mesa de una sociedad que aún se atrevía a decir que el fútbol era cosa de hombres. Y tú, callado, terco, fiel, fuiste abriendo la senda para que hoy miles de niñas sueñen con un balón en los pies sin que nadie se lo cuestione.

Dicen ahora que «el fútbol femenino llora la pérdida de un hombre que creyó antes que nadie». Qué poco dicen esas palabras, José. Porque no solo creíste. Peleaste. Aguantaste. Levantaste. Les diste futuro. Le diste al fútbol femenino gallego una casa, un nombre, una historia. Y eso, amigo, no lo hace cualquiera.

Hoy, los periódicos llenan titulares, las redes escriben condolencias y las instituciones repiten tu nombre con solemnidad. Pero yo no quiero solemnidad, ni frases hechas, ni lágrimas de compromiso. Yo quiero decirte gracias, José. Gracias por no rendirte. Gracias por pelear cuando nadie peleaba. Gracias por esas niñas que un día, sin saberlo, encontraron en ti la posibilidad de ser futbolistas.

Te vas, José, y se apaga otra luz en este mapa de locos imprescindibles. Pero mientras haya una niña en Galicia que golpee un balón, mientras un equipo femenino salga al campo, mientras alguien recuerde al Karbo, seguirás aquí. En la tierra. En la memoria. En cada red que se infla tras un gol.

Descansa en paz, viejo zorro. Ya jugaste tu partido. Y vaya si lo ganaste.

Foto Muchacalidad

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