El cerco a los festivales vinculados al fondo proisraelí KKR sigue estrechándose. En el caso de Sónar, la presión da un nuevo e importante salto: ya son 150 artistas —tanto de ediciones actuales como pasadas— quienes exigen al festival que cumpla con los cuatro mínimos éticos de la campaña BDS. Entre las firmas hay cancelaciones y participaciones mantenidas, pero un mensaje común: un posicionamiento claro y el fin de la complicidad con el apartheid sionista.
Los primeros comunicados del Viña Rock, del Resurrection o del propio Sónar mostraron gestos parciales, pero insuficientes para la campaña «Prou Complicitat». Esta celebra algunos avances —como la ruptura de vínculos con Coca-Cola o McDonald’s y la condena pública del genocidio—, pero insiste en que el festival sigue sin cumplir los mínimos exigibles: la adhesión pública a los principios del movimiento BDS. Otros festivales de Superstruct, como el Boiler Room o el Mighty Hoopla, ya lo han hecho.
Al mismo tiempo, emerge un nuevo frente de presión desde dentro del propio circuito festivalero: el personal técnico, de montaje y de limpieza del festival O Son do Camiño acaba de hacer público un manifiesto que marca un punto de inflexión. Su llamado al boicot y a la huelga de brazos caídos durante el evento sitúa el conflicto en un nivel sin precedentes.
Una asamblea independiente de trabajadores del festival hizo público un contundente manifiesto: no solo reclaman mejoras en las condiciones laborales y denuncian el papel del fondo proisraelí KKR como propietario, sino que exigen a O Son do Camiño el cumplimiento de los cuatro mínimos del movimiento BDS y llaman a un sabotaje simbólico durante el evento si no hay avances.
El manifiesto apela directamente a la conciencia del personal trabajador —y de todas las personas implicadas— invitando a dejar de enriquecer «a quien nos empobrece y precariza», mientras financia el apartheid y el genocidio en Palestina. Su lenguaje es directo y sin eufemismos: «Que se contagie la dignidad», afirman, finalizando con un claro llamado a la autoorganización.
Este nuevo escenario entre el personal de O Son do Camiño marca un antes y un después y podría extenderse al Sónar a falta de un compromiso firme con las demandas mínimas que reclama el BDS.