En esta bendita tierra de meigas y leyendas, galicia, donde lo insólito es el pan de cada día, parece que hemos añadido un nuevo capítulo a nuestro folklor, el de los fantasmas radiactivos que pululan frente a nuestras costas. La última «sorpresa» ha sido la revelación de unos bidones con residuos que, ¡oh, casualidad!, parece que «sabían que estaban ahí». Pero claro, como el sol sale para todos, también para la indiferencia, nadie dijo ni pío hasta que los franceses, con su peculiar sentido de la oportunidad, decidieron poner el foco en el asunto.
Imagínense la escena. Los políticos, esos incansables servidores públicos, tan atareados con sus agendas apretadas (probablemente buscando la forma de cuadrar sus carteras. Recomiendo la lectura de «La patria en la cartera», libro escrito por el magistrado Joaquim Bosch), que se les «olvidó» mencionar que teníamos un cementerio nuclear submarino a la puerta de casa. Una simple nimiedad, ¿verdad? Total, ¿quién necesita unas rías limpias cuando se puede disfrutar de un buen debate sobre quién tiene la culpa?
Del Prestige a los «hilillos de plastilina» de Rajoy
Y si de fantasmas hablamos, no podemos olvidarnos de nuestro clásico atemporal, el Prestige. Ese pecio que, olvidado y sellado, balanceado por las corrientes con la gracia de un mal bailarín, si no se vigila, amenaza con «volver a soltar hilillos de chapapote». Una expresión de Mariano Rajoy, tan querida y recordada, que ya forma parte de nuestro patrimonio oral, cortesía del ingenio de aquel entonces. Parece que la consigna es «ojos que no ven, corazón que no siente», y si el barco está bajo el agua, ¿para qué preocuparse? Los políticos se ponen de perfil, no vaya a ser que el «chapapote» manche sus impecables trajes de campaña. No hay nada como el aire institucional para refinar el gusto y olvidarse de los problemas de bidones y pecios. Recuerdo a cierto concejal del PSOE, que debutó en María Pita, sede del Gobierno Municipal de A Coruña, con su clásica chaqueta de pana estilo Isidoro y, en un abrir y cerrar de ojos, ya vestía un elegante Emidio Tucci hecho a medida. ¡Milagros de la vocación de servicio!
La política del «quita que me pongo» y el Día de las Redes Sociales
Mientras tanto, en el circo de tres pistas de nuestra política (PSOE, PP, VOX), el espectáculo continúa. En lugar de resolver problemas con la eficacia de un reloj suizo, nuestros próceres se dedican al noble arte de «lanzar el ventilador unos contra otros». Una coreografía perfectamente sincronizada, donde la máxima es «quítate tú que me pongo yo», y donde el ciudadano, ese elemento decorativo, solo es relevante cuando hay que votar o aplaudir.
Pero no todo está perdido, ¡gracias a los dioses de la conectividad! Precisamente hoy, lunes 30 de junio, Día Mundial de las Redes Sociales, la ciudadanía, esa masa ruidosa que no se resigna a ser meros teloneros de la descomposición política que vive España, ha encontrado su altavoz. Los «comedores de un partido u otro» (y los que, milagrosamente, aún conservan el sentido común) hacen ruido, intentando «catequizar» a la población. A ver si, entre meme y meme, logramos que los problemas de verdad, esos que afectan a nuestras costas y a nuestros estómagos, dejen de ser un chiste y pasen a ser una prioridad.
Porque, a fin de cuentas, ¿quién quiere vivir en un paraíso si está lleno de fantasmas e «hilillos» radioactivos y petrolíferos? Un brindis por la transparencia y, si no es mucha molestia, por una solución que no sea otra cortina de humo.