Trump combate a los cárteles de la droga y al narcoditactor Maduro. Por James Nava

El presidente Trump ha impulsado y aprobado una operación militar completa para combatir a los cárteles de la droga y sus líderes. Esto incluye al Cártel de los Soles, encabezado por Nicolás Maduro y la cúpula de su gobierno en Venezuela, el Cártel del Golfo, el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, Cárteles Unidos, La Nueva Familia Michoacana, el Cártel del Noreste, la Mara Salvatrucha (MS-13), originaria de California, y el Tren de Aragua, con sede en Venezuela. 

El despliegue naval, aéreo y de inteligencia ha blindado el sur del mar Caribe para impedir cualquier envío de droga. El bombardeo y hundimiento de una narcolancha la pasada semana, cargada de droga y con 11 miembros del Tren de Aragua a bordo, ha enviado una señal muy clara de que Estados Unidos y la Administración Trump no tolerarán el narcotráfico con destino al país. La misión es compleja, pero no imposible: liquidar a los cárteles y acabar con el narcorégimen de Maduro y Cabello en Venezuela. Los días de inundar Estados Unidos de cocaína, fentanilo, heroína, miembros de pandillas y terroristas, sin sufrir las consecuencias, están llegando a su fin. Tanto el despliegue como los ataques contra operativos de los cárteles representan la determinación del presidente Trump de acabar con las redes de narcos que amenazan la seguridad nacional y ponen en riesgo la salud de millones de ciudadanos.

Las leyes aprobadas por Trump, como la Ley para Detener a los Cárteles (H.R.1915), cuya Sección 106 obliga a congelar los activos de los cárteles y designa a grupos como Soles/Sinaloa/Jalisco, etc, como Organizaciones Criminales Transnacionales Especiales, o la Sección 2(B)(v) de la Ley NARCO de 2025, dan cobertura legal a todas las acciones militares para cumplir esta misión. Trump ha tenido el coraje político de enfrentar a los cárteles de la droga y pasar al siguiente nivel, más allá de la interceptación de alijos y narcotraficantes, a su destrucción física y eliminación. Como diría el clásico refrán: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. La política de fuerza de Trump muestra así su faceta ofensiva, que es necesaria cuando enfrentamos a este tipo de individuos. De entrada, se está priorizando la recopilación de inteligencia bajo el Título I y se lleva a cabo la represión de las redes de tráfico humano bajo el Título III. 

La estrategia que se está siguiendo es exhaustiva. Ahora, los drones MQ-9 Reaper rastrean rutas, y otros recursos aéreos, tales como los aviones de patrulla marítima P-8A Poseidon de la Marina, que ya realizan patrullas en el Caribe oriental, los aviones de patrulla P-3 Orion, y los helicópteros MH-60R Seahaw, y los F/A-18 Hornets realizan tareas de vigilancia, reconocimiento y ataque de forma permanente. Los 10 aviones de combate furtivos F-35 Lightning II desplegados están preparados para misiones de bombardeo. De forma paralela, el trabajo de inteligencia está asfixiando sus redes económicas y financieras, mientras la coordinación entre el FBI; la CIA, la DEA y el ICE desmantelan las estructuras de mando y contribuyen a localizar a los narcotraficantes allí donde estén.

En el centro de la misión está el narcorégimen de Maduro, que no sólo participa del narcotráfico, sino también en el tráfico de oro, diamantes, mujeres, etc, y financia a grupos como Hezbollah, las FARC, colabora con el gobierno de Irán para lavar dinero, envía miembros del Tren de Aragua hacia las ciudades de Estados Unidos, y mantiene a antiguos miembros de la banda terrorista ETA como instructores y colaboradores.

Todo el tinglado del narcotráfico está paralizado y lo ha logrado el presidente Trump con su política de tolerancia cero a estos criminales y la firme voluntad de pasar a la ofensiva militarmente. La misión acaba de empezar.

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